¿Deflación?, ¿qué deflación?

 

Santiago Niño Becerra_La Carta.

 
“La deflación en …………. se debe a que el sector empresarial ha sufrido un problema de sobredeuda durante mucho tiempo después del estallido de la burbuja. Es por eso que se redujeron drásticamente los precios de sus activos al tiempo que aumentaba su deuda. Las corporaciones no han hecho otra cosa desde entonces que devolver el dinero prestado a los bancos y apenas han invertido. Eso nos ha llevado a esta fase deflacionista actual con una falta significativa de demanda”.
En menos de cinco segundos apunte el nombre de un país en la línea de puntos que se halla al principio del párrafo anterior. El resultado es ….., ¡exacto!: Japón. Son palabras de Mr. Naoyuki Haraoka, director ejecutivo de la Japan Economic Foundation, y fueron publicadas en la Pág. 18 de El País Negocios del 05.09.2010. (Sugerencia: lean todo el artículo-entrevista).
No podía haber sido expresada con mayor claridad la situación que está viviendo Japón, si, pero -y de ahí el acertijo-, ¿no me negarán que en la línea de puntos podía haber sido escrito el nombre de diversos países: de muchos países. (Existe diferencias, claro: en el caso de Japón una apreciación relativa del Yen debido, entre otras razones, a la repatriación de capitales que se está produciendo).
De las palabras de Mr. Haraoka yo destacaría especialmente tres: ‘deflación’, ‘sobredeuda’ y ‘demanda’: las 3Ds. Veamos. Voy a proponerles un juego: lean el párrafo con el que comienzan estas líneas haciendo abstracción de quien lo dice, del tiempo en el que está dicho, y del país al que se refiere y léanlo haciendo incidencia en esas tres palabras referidas. Pruébenlo. Tras leerlo dos o tres veces a lo que llegarán es a una especie de lugar descontextualizado en el que ‘demanda’ enlaza con ‘sobreduda’ y con ‘deflación’ de tal modo que acaban conectando, por ejemplo, así:
Es necesario que haya sobredeuda para que pueda haber demanda, sólo entonces habrá inflación -que, si es procedente, ya será corregida- por lo que la deuda tendrá que continuar aumentando a fin de que continúe aumentando la demanda. (Evidentemente por ‘inflación’ debe entenderse ‘no caída en el nivel de precios’).
¿Qué es lo anterior?, pues el resumen del resumen de lo que ha sido el modelo económico con el que nos hemos estado desempeñando en este último más de medio siglo. ¡Y ha funcionado!: se realimenta al hacer la inflación de mantenedor del proceso; pero encierra un problema muy grave: se agota, acaba agotándose, ¿por qué?: por un lado, la deuda no puede crecer indefinidamente; por otro, la búsqueda de una mayor competitividad lleva al incremento de la productividad y a la caída de los precios.
Nuestro modelo, el que hemos estado utilizando, el aún en vigor, nació ya con los genes de su agotamiento (esto les suena, ya, pero la revolución obrera no tiene nada que ver aquí). Para crecer hacía falta consumo, para continuar creciendo hacía falta más consumo, pero la renta era insuficiente y sólo podía crecer en función de la productividad, por lo que la deuda fue la única solución; pero la capacidad de endeudamiento acaba llegando a su máximo, a su tope. Además, al ir aumentando la capacidad productiva y al hacer eso todos los entes fabricantes, había que aumentar la productividad a fin de rentabilizar esa capacidad, pero cuanto más se profundizaba por esa línea más tenía que crecer la capacidad de endeudamiento, pero cuanto más aumentaba la productividad más factor trabajo era excedentario por lo que la renta media tendía al decrecimiento y, con ella, el consumo.
Todo lo que se está haciendo para ‘arreglar’ la situación apunta a eso, a ‘arreglar’ el problema de la baja demanda, tanto la vía USA de continuar con los estímulos como la europea de ir por la estabilización: es un tema de tiempo; pero lo que no se ha planteado hasta ahora es algo que, pienso, es obvio: eso que se denomina ‘deflación’: precios a la baja en una situación de consumo átono, es la situación normal del nuevo modelo que traerá la crisis: consumir lo necesario en un escenario de fabricación ultraeficiente de aquello que sea útil.
A algo así hoy se le denominaría deflación, ¿verdad?.
(Un posible nuevo impuesto a las entidades financieras no resuelve los problemas del sector, argumentan los dirigentes de éstas; pienso que tienen razón. Los problemas del sector financiero mundial y de cada una de las entidades financieras diseminadas por el planeta son consecuencia de una forma de hacer las cosas que se justificaba por las reglas de funcionamiento de un modelo; cierto es que las entidades financieras han hecho cosas malas, pero buenas a la luz de esas reglas de funcionamiento, y eso es así aunque ahora convenga decir otra cosa.
Es como con los caramelos. Si un tierno infante se toma un caramelo nada malo sucederá (si no es alérgico a ningún componente del caramelo, claro), pero si se toma treinta en una tarde cogerá un empacho épico. Para una familia, para una empresa, para una entidad financiera, para un Estado, un nivel de endeudamiento del 15% o del 20%, en la mayoría de los casos es inocuo, una deuda que equivalga al 150% o al 200% de tales ingresos puede permitirse, forzarse, pero es físicamente insostenible. Lo que pasa es que tal y como han sido las cosas con el primer nivel de deuda ya era imposible crecer: para crecer había que pasar al segundo
Un nuevo impuesto a las entidades financieras no supondría lo que debería: modificar esas reglas de funcionamiento, pero con él se obtiene pasta. Ya, ya: si se paga, claro).
(Suecia: pienso que la economía sueca no está donde está debido al Gobierno anterior, pienso que cualquiera que hubiese sido el Gobierno anterior la economía sueca se hallaría donde está, o muy cerca. Suecia está mucho menos mal que el resto de países europeos ‘a pesar de sus políticos’: cosas como la estructura de su PIB, su nivel de población, su practicidad a la hora de enfocar las decisiones, es lo que ha determinado que Suecia esté así: menos mal que los demás, y en eso, pienso, la política ha influido muy poco. Que nadie intente hacer extrapolaciones extrañas que a ninguna parte van a llevar: Suecia es Suecia, y los demás son los demás).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
¿Deflación?, ¿qué deflación?