¿Error tremendo o admisión de una imposibilidad?.

 

Santiago Niño Becerra. La Carta.

 
Resulta que en el segundo trimestre del 2010, en el reino, los costes salariales han subido cuatro veces menos que el IPC (http://www.ine.es/daco/daco42/etcl/etcl0210.pdf), y hay quienes se alegran de que eso sea así. ¿Error tremendo o admisión de una imposibilidad?.
El razonamiento es el siguiente: si los salarios suben poco con respecto a un período anterior -o nada, o decrecen- o, mejor aún marcan una tendencia decreciente, los costes totales de la empresa media descenderán, por lo que esa empresa será más competitiva ya que podrá reducir sus precios de venta. Una variante a ese razonamiento va por el lado de que la empresa en cuestión no tenga que reducir sus precios de venta, por lo que reducciones en los costes salariales llevará a un beneficio superior, plus que podrá dedicar a inversión. Insisto: ¿error tremendo o admisión de una imposibilidad?.
Puede que se sorprendan de lo que viene ahora: un empresario, el empresario medio, un consejo de administración, debería estar gozoso y contento cuando los salarios de su compañía creciesen, en el límite debería sentirse dichoso de que los salarios de su compañía fuesen los más elevados de su subsector de actividad. ¿Por qué?, pues además de porque sus trabajadoras y trabajadores estarían felicísimos, ello indicaría que la productividad de esa empresa es megaelevada y que el valor de lo que elaboran es más que elevadísimo. Pienso que en España no acaba de entenderse esto.
Cuando se dice que Suecia, Noruega, Países Bajos o Dinamarca son países extraordinarios, cuando se cantan alabanzas de sus modelos de protección social, cuando sanamente se envidia el estándar de vida de su población, aunque no se dice, implícitamente se está admitiendo una cosa: que los salarios medios en estos países son elevados, no sólo eso, se está dando por supuesto que si en esos países los salarios no fuesen elevados esos estándares de vida, esos modelos de protección social, serían inviables porque serían imposibles.
Esas economías, hace años, apostaron por una forma particular de hacer las cosas, una forma de hacer las cosas que, evidentemente, vino determinada / influida por unas características geográfico-culturales concretas, por ejemplo: todos esos países son de reducida extensión y todos tienen una baja población. Era absurdo, porque era imposible, que Suecia pretendiese convertirse en el mayor productor mundial de trigo, o que Dinamarca buscase tener la mayor planta de ensamblaje de automóviles del planeta, o que los Países Bajos optasen a recibir cada año 60 millones de turistas. Esos países se dirigieron hacia donde podían dirigirse: hacia producciones de creciente valor añadido elaboradas con una cada vez más eficiente sistemática y con el concurso de la población con que podían contar, a este respecto Países Bajos y en parte Suecia cometieron un error: no planificaron con suficiente atención a la inmigración que iban a necesitar en el futuro.
España, a lo largo de los siglos, de los años, también se fue especializando, pero claro, en gran parte del país existía una estructura agraria caciquil no inversora que metía en bonos del Estado los bajos rendimientos que obtenían de sus tierras, en la otra parte un campo minifundista o que expulsaba a los no herederos por insuficiente; donde la hubo, una burguesía muy escasamente capitalizada, minipequeña, exportadora de mineral y/o fabricante en régimen de protección arancelaria; una población -la que pudo- en cuasi permanente emigración interior o exterior desde el siglo XVIII; una estructura social oligarquizada en torno, primero a una aristocracia absentista, después a un régimen señorial agrario-manufacturero; y por encima de ello un Estado en constante desgobierno: en el siglo XIX, la centuria en la que se produjo el arranque industrial en aquellos lugares en que se produjo, en España hubieron cuatro guerras civiles y diez golpes de Estado o conatos golpistas, y como colofón los tres años de Guerra Civil en 1936, los 36 de dictadura inmovilista y los no-se-cuantos de transición recomponedora. Con ese decorado, ¿qué modelo económico podía surgir en España?.
Pues uno muy, muy pobre, limitado, productor de reducido valor, exportador de valor escaso, receptor de valor mínimo. Un modelo en el que los bajos salarios han sido y parece ser van a volver a ser, los puntales de la competitividad española, justo en unos momentos en los que tener una alta cota de productividad va a ser EL hecho diferencial.
‘Entonces, dice el del fondo, ¿había que seguir con crecimientos salariales por encima de la inflación como en el 2007?’. ¿Queremos hablar de eso?, venga, hablemos. Ciertísimo: en diversos subsectores, en variadas latitudes de la geografía española, a ciertos miembros de la población ocupada española, se le han estado pagando salarios por encima de la productividad, ¿por qué?, pues porque el margen neto de quien les había contratado quedaba asegurado al estar volcado en un mercado interior cautivo y de baja competencia, y porque si los salarios no alcanzaban un cierto nivel el consumo se reducía: a menor salario menos capacidad de endeudamiento, con lo que esos empresarios hubieran tenido que comerse con patatas lo que fabricaban; es decir, durante unos años a todo el mundo le convenía que los salarios fuesen los que eran: bajos respecto a Europa, pero altos en relación con la productividad.
‘Es que no todo el mundo puede producir con alta tecnología’, dice el del fondo; ‘Es que no todo en la vida es la productividad’, insiste; ‘Es que tenemos que hacer aquello que sabemos hacer y utilizar lo que tenemos’, remacha. Bien, OK, pero entonces hay que tener muy claro donde se va a estar: en una economía que generará un reducido valor porque reducida será su productividad y con unos elevados niveles de desempleo estructural y de subempleo debido a que una gran parte de su población activa no va a ser necesaria, aunque sí, con bajos salarios, ¡faltaría más!.
(Para la economía española, la OCDE prevé “hasta 2015 o 2017, un futuro mediocre de bajo crecimiento, alto desempleo y alto déficit”, son palabras del Sr. Ángel Gurría, secretario general de la OCDE. ¿No les suena haber leído, hace muchos, muchos, meses, esto ya aquí?. Y nos decían que ‘la recuperación empezaría en la segunda mitad del 2009’. Pregunta lanzada al aire: ¿sólo la economía española?. Lo ya preguntado hasta la saciedad: ¿qué se sabe que ni se dice ni se cuenta?.
A lo anterior júntenlo con esto: que el BdE y el FMI han solicitado al Gobierno que prepare una alternativa por si esas maravillosísimas previsiones que ha elaborado no se cumplen. Tenemos un problema, gordo, muy gordo y se está mirando hacia otro lado, el Gobier
no, sí, pero pienso que ahora la responsabilidad de la oposición es máxima: esperan la derrota del partido del Gobierno en las próximas elecciones, ¿para qué?, ¿para gobernar sobre un desastre?. Y el BdE, ¿por qué no sugiere, por qué no adelanta?. Y la Comisión Europea, ¿a qué espera?. Ya, ya: ‘cada cosa a su tiempo’. Y gran parte de la población creyendo que el milagro aún es posible porque eso es lo que le están haciendo creer ya que eso es lo que conviene que crean. Demasiao).
(Pensiones. Se dice de aumentar el número de años que hace falta cotizar para acceder al 100% de la base reguladora que le corresponde a cada cotizante a la Seguridad Social, también que hay que aumentar la edad legal de jubilación, y que hay que tomar toda la vida laboral para calcular la base reguladora, es decir, la pensión, y lo justifican: el actual sistema de pensiones es injusto. Vamos a ver, cuando en el 2004, o en el 2005, o en el 2006, ‘España iba más que bien’, nadie decía que el sistema de pensiones era injusto, ni que debía ser retocado, más aún, se decía que el horizonte financiero de las pensiones españolas estaba despejado hasta el 2060, por lo menos.
La realidad es que todos los sistemas de pensiones son insostenibles porque cuando se implementaron la esperanza de vida era mucho menor que ahora y porque las necesidades de factor trabajo eran muchisísimo mayores de las que ahora son. Esas tres cosas que se dice que hay que hacer con las pensiones se harán, no lo duden, pero el problema no se resolverá, porque cada vez se necesitará menos mano de obra, CADA VEZ MENOS. Luego, estos mismos que proponen lo dicho dirán que hay que reducir la pensión pública a fin de que la población contrate planes de pensiones.
¿Por qué no se dice alto y claro que tendemos hacia un creciente empobrecimiento porque el modelo que hemos estado utilizando se ha agotado y el nuevo va necesitar muchos menos trabajadores, de media más baratos, que el Estado no va a tener ingresos para pagar pensiones, y que el desempleo juvenil y/o el subempleo se va disparar?. Lo triste es que los suecos perderán gran parte de sus pensiones, como los españoles, pero con la diferencia de que los españoles jamás habremos tenido las pensiones de los suecos. ¡Puta suerte!.
¿Recuerdan lo que les comenté hace un tiempo sobre la mexicanización de la economía española, sobre su tendencia hacia la economía informal?, pues eso).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
¿Error tremendo o admisión de una imposibilidad?.