El próximo paso: auditorías

 

Fuente: Santiago Niño Becerra. La Carta.

Bueno, ¡les ha llegado el turno a las auditorías!; hubo un par de conatos hace años años, cuando-lo-de-Lehman, antes cuando-lo-de-Enron, pero quedó en nada porque aún no había llegado el momento. Lo mejor, pienso, es que a raíz de lo que se está cociendo al respecto de este tema se está poniendo completamente de manifiesto que la crisis en la que estamos entrando es un auténtico y verdadero motor de cambio; sí, claro: es una crisis sistémica.

M. Michel Bernier, el Comisario de Mercado Interior y Servicios argumenta: “La crisis ha puesto de relieve una serie de fallos en el sector de la auditoría y es preciso estudiar qué mejoras cabe introducir” (El País 14.10.2010, Pág. 16). El razonamiento es muy bueno: The Big Four no previeron la llegada de la crisis por lo que no hicieron nada por evitarla, ni indicaron o propusieron ninguna medida para paliar sus efectos, está claro que The Big Four no funcionan adecuadamente por lo que su sistemática de trabajo debe ser reformada, modificada, reestructurada, para, en todo caso, reformar, modificar y reestructurar a The Big Four en una siguiente fase.

M. Bernier continúa argumentando: “El hecho de que los auditores sean responsables frente los accionistas de la sociedad auditada y de otras partes interesadas, aunque sean pagadas por la misma sociedad crea una distorsión dentro del sistema”. (Misma fuente). El Comisario resalta algo … ¡que siempre ha sido así y que nunca se criticó!, pero es una forma de funcionar propia de un modo de hacer las cosas agotado: de un modelo agotado, siendo la crisis sistémica la manifestación de ese agotamiento, por lo que como en el nuevo modelo las cosas deben ser hechas de otra forma, la crisis se convierte en instrumento posibilitador del cambio, en este caso, del modo de funcionamiento del sector de la auditoría.

Insisto en la idea: ahora se critican cosas, procedimientos, que antes se bendecían y aplaudían, claro: antes esas cosas, esos procedimientos eran necesarios para operar como se operaba: para crecer en aquel escenario, en el de antes, en el del modelo ya agotado: había que hacer unas cosas de una determinada manera, por ejemplo, el sector de la auditoría tenía que funcionar como funcionaba y las empresas que prestaban los servicios propios de ese sector tenían la estructura óptima para operar según las necesidades del momento; nada hay que criticar: fue bonito mientras duró, pero ahora toca otra cosa y aquellas reglas y aquel modo de funcionamiento ya no, por lo que el sector de la auditoría debe ser modificado. ‘Regulado’, dice el del fondo, sí, pero no sólo: el tema va más allá de una mera regulación, es la implementación de una nueva estructura a partir de una nueva filosofía anteriormente definida.

Yo, incluso, pienso que con la reforma del sector de la auditoría pueden matarse dos pájaros de un tiro. M. Bernier dijo que no se pretendía atacar a The Big Four, algo que parece lógico ya que sería absurdo atacar algo que funciona, pero en esa modificación del mercado de la auditoría muy bien podrían integrarse sus estructuras -y la de siete u ocho medianitas- en algo mucho más grande. Vamos a ver, si todas las propuestas de la Comisión acaban en un texto legal, si en el sistema auditor se introduce a una tercera parte que actúe de regulador de la norma, en el fondo, fondo, ¿qué diferencia existiría entre las empresas auditoras y los organismos estatales / comunitarios de inspección?.

Además >>  Regulación, ¿qué regularización?

Y en cuanto a lo del oligopolio, bueno, criticar a los oligopolios siempre vende: están demonizados, pero pienso que los tiros van por ahí: por pocas estructuras coordinadas, porque lo contrario … ¿Se imaginan 118.764 empresas auditoras compitiendo a muerte en el mercado de la auditoria?, no, ¿verdad?.

 

Pienso que no es casualidad que la CE no haya empezado su reestructuración de las normativas por el mercado de la auditoría ya que las funciones que realizan las compañías auditoras, siendo importantísimas, pueden dar para mucho más. Si, de alguna manera, se interpenetran las funciones de inspección y de auditoría, sería como si se estuviese ‘privatizando’ las inspecciones que hoy realizan diversos organismos: Hacienda, Aduanas, Trabajo, Seguridad Social, …, o, cuanto menos, podría hacerse. Pienso que se están abriendo puertas imposibles hace cinco años e inimaginables hace diez; pongo comillas en privatizar porque el objetivo no sería vender un bien público a una empresa privada, pero sí integrar a verdaderos monstruos que conocen muy bien su trabajo en una estructura que debe ser redefinida porque es propia de un modelo que ya está agotado. Y de paso se haría más eficiente, ¡claro!, eficientar lo que se redefine es parte de la razón por la que se define de nuevo la estructura a redefinir.

¿El hecho de que The Big Four sean transnacionales?, muy bueno y positivo: ya se hallan establecidas en todas partes; ¿la diversa titularidad de la propiedad?, ningún problema: gentes acostumbradas a dialogar; ¿la variopinta procedencia de sus profesionales?, una bendición: esas empresas tienen integradas culturas en una forma de hacer común. ¡Y encima quienes en ellas se desempeñas son técnicos, no son políticos!, ¿qué más se puede pedir de cara a establecer un puntal de cambio?. Ya, claro, que esa sistemática se establezca sólo en la UE no serviría de nada, pero, ¿alguien piensa que eso será así?.

Volveremos sobre el tema, sobre el tema del cambio sistémico, porque es lo auténticamente fundamental de la crisis.

(El reciente desastre ecológico de Hungría: la consecuencia de un proceso lógico. La Industria precisa óxido e hidróxido de aluminio, pero los necesita a un precio ‘competitivo’. Sustituir el actual método de producción por otro más seguro o haber reforzado convenientemente el dique del estanque de residuos hubiese hecho aumentar los costes de producción de tales compuestos y, por tanto, sus precios de venta y, por tanto, los de compra de los usuarios de esos productos, por lo que los bienes en cuya fabricación intervengan esos compuestos hubiesen perdido competitividad. Solución: no modificar el proceso ni reforzar el dique. El dique, por tanto, se rompió por una cuestión de competitividad).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

El próximo paso: auditorías