Alemania prepara el asalto al díscolo BCE

 

Un gobernador, un voto. Ese ha sido el sistema de votación aplicado en el Banco Central Europeo (BCE) desde que el 1 de enero de 1999 asumió la responsabilidad de fijar los tipos de interés para toda la zona euro. Pero el exitoso modelo parece tener sus días contados.

Alemania se resiste a seguir siendo tratada como una más y prepara el asalto para intentar garantizarse el control del emisor. Berlín quiere un nuevo sistema de votación que refleje la dimensión económica de cada país o, al menos, su participación en el capital del BCE.

La propuesta, según fuentes comunitarias, se estudiará en la próxima cumbre de la UE (9 de diciembre) dentro de la reforma del Tratado que Berlín quiere plantear para blindar la disciplina fiscal de la zona euro y profundizar la integración económica y fiscal del club.

La primera variable planteada otorgaría al presidente del Bundesbank (Banco de Alemania) una cuota de poder equivalente al 27%, que es el peso del PIB alemán en el conjunto de la zona euro. El presidente del Banco de Francia se quedaría con un 21%; el gobernador del Banco de Italia, con un 16%; y el del Banco de España, con un 11%.

Si se toma en cuenta la clave de participación de cada país en el capital del emisor, el voto alemán pesaría un 18%; el francés, 14%; el italiano, 12%; y el español, 11%.

El nuevo reparto de poder permitiría a Berlín maniobrar con más facilidad para evitar la aprobación de decisiones contrarias a sus intereses, como puede ser la relajación de la política monetaria en estos momentos o la adquisición de deuda pública en el mercado secundario para aliviar la presión del mercado sobre países como España, Italia, Irlanda o Portugal.

Ese programa de compra de bonos, a pesar de su timidez, ha colmado precisamente la paciencia de los halcones alemanes. Alemania observa con creciente preocupación a una institución que, desde el comienzo de la crisis, ha empezado a coger algo de vuelo y a librarse de la pesada herencia del Bundesbank. Y Berlín prepara el asalto para reconducir a la díscola institución.

La idea provoca escalofríos en Bruselas, donde se teme que la ofensiva alemana abra una lucha por el poder en una de las pocas instituciones europeas cuyo prestigio, aunque no intacto, al menos no ha sido arrasado por la crisis.

“Si el euro ha sobrevivido en los últimos 18 meses ha sido gracias al BCE y su estructura federal”, reconocen en el Consejo de la UE. “Si eso se cambia, se puede caer todo el tinglado”, añaden las mismas fuentes.

 

El modelo actual otorga el mismo peso a la opinión expresada por el gobernador del Banco de Malta (cuyo país tiene un PIB de 6.000 millones de euros) que al del Banco de España (un billón de euros de PIB) o al del Banco de Alemania (dos billones y medio de PIB).

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Ese sistema, aparentemente injusto, ha hecho del BCE durante trece años un ejemplo de institución federal cuyas decisiones pretendían ser la expresión del interés común de la zona euro en lugar de la suma (o resta) de los intereses de cada uno de los socios.

Pero Angela Merkel ya ha demostrado que no está dispuesta a aceptar estructuras institucionales que considera obsoletas. “Una comunidad que dice que no puede cambiar nunca las normas no puede sobrevivir”, señalaba esta misma semana la canciller alemana.

Y su partido, la CDU, ya prepara una moción para reclamar una reforma del sistema de votación del BCE que otorgue a cada uno de los 17 gobernadores un peso proporcional a la economía del país que representan. La propuesta, según la agencia AFP, podría aprobarse la próxima semana durante el congreso que la CDU celebrará en Leipzig.

Berlín ya había maniobrado con anterioridad para mantener el control de la autoridad monetaria con sede en Fráncfort. En 2004, con motivo del relevo del miembro español del Comité Ejecutivo, propició la entrada de otro español (González Páramo) para establecer el derecho tácito de los cuatro países más grandes (Alemania, Francia, Italia y España) a contar siempre con un representante en el principal órgano de dirección del BCE. Esa norma no escrita acaba de costarle el puesto a Lorenzo Bini-Smaghi. Tras el nombramiento de su compatriota Mario Draghi como presidente, Bini-Smaghi anunció el jueves su dimisión, lo que permitirá a París recuperar su presencia tras la salida de Jean-Claude Trichet.

Pero esta vez Merkel parece querer ir más lejos. Y cuenta con la baza de las dificultades que atraviesan la mayor parte de los socios del euro, lo que permite a la canciller imponer reformas hasta hace poco inaceptables a cambio del apoyo alemán a mecanismos de solidaridad como el fondo de rescate.

Bernardo de Miguel/CincoDías

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