Bancarrota en Adra

 

Son muchos los pueblos y ciudades que tienen una difícil situación económica, pero hay otros que se han endeudado tanto por encima de sus posibilidades, hipotecando de tal manera a sus vecinos, que la situación es insostenible. Ya no se trata de haber pasado sin aire acondicionado los meses de verano, los cortes de teléfono, que los arreglos de pequeñas cosas no lleguen porque no tienen dinero o que hasta los clubes deportivos que cuentan con patrocinio municipal hagan un plante y se rebelen porque sistemáticamente no se cumple nada de lo prometido. El problema es que hay males muchos mayores.

Quizás el ejemplo más claro, por encima de operaciones poniente,- que tiene lo suyo-, y otros circos mediáticos y judiciales es Adra, ayuntamiento al que hace unos pocos días se le negaba hasta un crédito de 300.000 euros porque, sencillamente, sus cuentas demuestran que no tiene capacidad para devolver dinero y se teme que la deuda acumulada lleve a una intervención de instancias superiores. Han sido varios los planes de saneamiento puestos en marcha, tantos como se han saltado a la torera. Ya no hablamos de que se ha cerrado el grifo, el problema es que ya ni gotea. Un ayuntamiento de apenas 19 millones de euros de presupuesto, no puede deber alrededor de 25 entre bancos, proveedores y un largo etcétera de deudas, porque su principal problema es que casi 15 millones del presupuesto los necesita para sueldos y otros gastos corrientes y poco es lo que le queda para aliviar peso o hacer obras si no hay Plan E o ayudas de la Junta.

Diariamente esos proveedores a los que deben protagonizan el triste peregrinar de quien intenta cobrar aquello que hicieron hace meses. Mañanas enteras perdidas entre pasillos porque esas deudas empiezan a generar problemas en las propias cuentas de sus empresas y, con ello, el aviso a navegantes de que llegará el momento en el que no se pueda pagar a sus trabajadores cuando éstos hicieron el trabajo que les encargó.

Uno de esos proveedores, torpe porque no pasó su factura por el registro del ayuntamiento que le debe, me contaba que ya le daba vergüenza acudir para pedir el pago de los trabajos que hizo, porque él mismo teme que esos funcionarios a los que interpela dejen de cobrar cualquier día de éstos: “ya no se trata de que no te paguen, el problema es que te cuentan que no tienen ingresos”.

 
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Y es ahí donde radica el problema. Los ayuntamientos supeditaron sus expectativas al desarrollo urbanístico abandonando sus ingresos naturales, los reales, como lo son la recaudación de impuestos municipales por prestación de servicios como agua, basura y otros por el estilo. Una vez privatizados, la única forma de obtener más ingresos por esas partidas es la renovación para ampliar plazos de concesión, lo que suele denominarse como pan para hoy y hambre para mañana, porque lejos de solucionar los problemas actuales, se traslada otro mayor para los que lleguen en un futuro.

En el caso de Adra la situación es tan crítica que su alcaldesa, la popular María del Carmen Crespo, acuciada por escándalos relacionados con licencias urbanísticas o la contratación de servicios a la empresa de su marido y su jefa de gabinete, inicia una escapada política consistente en buscar agarre en cualquier lugar que esté lejos de su localidad. Así, a los cargos de alcaldesa hay que sumarle el de parlamentaria, responsable de política municipal del PP con sede en Jerez o ahora otro en la federación de municipios, pero ninguno de ellos sirve para aminorar la acuciante deuda de su pueblo y mucho menos para que los proveedores puedan cobrar sus facturas pendientes.

Estamos a pocos meses de las elecciones municipales y el ciudadano empieza a despertar de ese atontamiento que nos ha provocado la crisis. Ahora empieza a preguntarse qué hay de realidad en todo el juego político, porque hasta la fecha podía ser creíble que todo lo malo se debía al gobierno de Sevilla o Madrid, pero el tiempo hace que caiga maduro hasta el fruto más verde y ahora se preguntan qué hay de verdad en todo lo dicho, qué debe su ayuntamiento y cuánto le corresponderá pagar a él, como ciudadano, de una u otra manera.

Javier Salvador, teleprensa.es

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