Bienestar de la ciudadanía

 

En España también se va a trabajar en una línea iniciada por la OCDE en el año 2004: diseñar un índice que recoja la evolución del progreso económico y que supere las limitaciones del PIB. En Francia, en el 2009, el Presidente Nicolas Sarkozy nombra una comisión dirigida por Joseph Stiglitz para lo mismo: construir un agregado que mida la felicidad de ciudadanía al margen de las carencias que muestra el PIB

Ya. Uds. estarán recordando el texto que leyeron ayer aquí, y pensarán que es muy curioso que sea precisamente ahora cuando, embarcados en una crisis sistémica, con la tendencia del crecimiento detenida en todo el mundo, todos: dirigentes, organizaciones, …, parecen interesados en este tema: un indicador que recoja lo que el PIB no puede recoger. ¿Por qué no se levantó esta polvareda en el 2006: cuando ‘el mundo iba bien’?. Ya, la OCDE comenzó a pensar en el tema en el 2004: pienso que fue porque tenía muy claro que la tendencia iniciada en el 91 tenía fecha de caducidad.

Pero es curioso el rumbo que han tomado las cosas. Durante dos décadas nos estuvieron diciendo que la felicidad se obtenía a través del consumo: cada vez más, cada vez de bienes más caros, y que eso generaba crecimiento, y luego, cuando las cosas empezaron a torcerse, nos dijeron en el consumo se hallaba la solución. Recuerdo la arenga del Sr. Josep Montilla, el anterior presidente de la Generalitat de Catalunya, en una emisora de radio catalana en Diciembre del 2008: la salida a la situación de parón en la que se hallaba la economía estaba en volver a consumir.

Consumo a crédito: entre 1997 y el 2007 el salario real medio en España creció el 0,7%, pero daba igual: más consumo, más PIB. ¿Quién pensaba en ‘la calidad de vida’ de la ciudadanía?. Lo-que-entonces-se-entendía-por-la-calidad-de-vida lo determinaba el automóvil que se luciese, el loft en el que se habitase, el restaurante de fusión y el bar de diseño a los que se fuese, el reloj exclusivo que se llevase en la muñeca, las boutiques en las que se comprase, el lugar exclusivo al que se fuese a pasar un fin de semana. Eso era PIB porque era consumo, y se obtenía con crédito, que daba lugar a deuda. (Recuerdan uno de los datos por lo que se pilló al cerebro del plan descrito en el film Pelham 1 2 3 (Tony Scott, 2009): ese cerebro se fue desde NYC a Reikiavik a pasar un fin de semana con una modelo de culos; era genial: eso era PIB).

¿Medir la calidad de vida?, en otro entorno, claro, pero, ¿qué debe entenderse por eso?, ¿la cantidad mínima de renta que alguien necesita para alcanzar unos estándares predeterminados por otro alguien?, OK, pero ¿con arreglo a qué criterios?, ¿a unos mínimos que serán fijados?. Luego, paralelamente, se dirá que andar al borde del mar o recorrer caminos de montaña es lo que verdaderamente genera felicidad y calidad de vida, pero se dirá cuando ya no es posible sacar el plástico del bolsillo para pagar dos manhattans en un bar de la Route de Saint-Tropez.

Será curioso: ya lo es: aquel PIB que se generaba a través del consumo: el 65% en USA, aquella felicidad que se obtenía con el consumo, felicidad que venía acompañada de PIB, PIB que derivaba en felicidad, ya no es procedente porque ahora se ha visto (?) que no venía acompañado de calidad de vida; por eso es necesario diseñar nuevas mediciones, un nuevo índice que refleje esa calidad de vida -necesariamente nueva- y que margine / olvide un PIB que ya no volverá.

Porque no nos engañemos. No es que se sustituya una parte de generar PIB de modo que una forma, la de antes, basada en el consumo, se haya demostrado no-generadora-de-calidad-de-vida y deba ser sustituida por otra que si tenga esa capacidad y que, TAMBIEN, genere PIB: la misma cantidad de PIB que esa forma que ahora se dice hay que abandonar, no: la sustitución supone dejar de generar gran parte de aquel PIB, y el PIB que se dejará de generar será -se dirá- PIB … no necesario para obtener una calidad de vida suficiente, un nivel de felicidad conveniente, deseable. ¡Vaya!.

Algo tan necesario, ¿nadie se había dado antes cuenta de ello?, o ¿es que antes era posible generar un PIB que ya no es posible generar y de un modo que ya es inconseguible?. Claro, claro: el refrán aquel: ‘El que no se conforma es porque no quiere’, aunque pienso que la cosa es un poco más complicada: las cosas llegan cuando han de llegar, cuando corresponde que lleguen, ni antes ni después.

Además >>  Niño-Becerra: Ayer, hoy, mañana

No cambio de tema: “Desde el año 1996, con Aznar, España está perdiendo competitividad respecto a los países de nuestro entorno. Mientras nuestro país aumentaba la productividad a un ritmo anual del 0,4% con los Gobiernos del PP y un 0,6% con los del PSOE, Europa lo hacía al 1,7% y EE UU al 2,2% anual. La brecha se ha agrandado, pues, en los últimos 15 años”. Lo escribe el Sr. Joaquín Estefanía, en la Pág. 17 de El País Domingo. Productividad por detrás de la media de quienes son algo a nivel internacional, pero para ganarla es preciso resolver cosas muy antiguas y muy caras, y en un momento en que todo-va-a-menos.

Parece un momento propicio para buscar un nuevo indicador que ponga el acento de la calidad de vida en otra cosa que no sea el PIB, ¿verdad?.

Y sigo sin cambiar. Principios de año y momento de previsiones. A 15 de Enero pienso que las cosas, para España, van a ir de este modo:

 

 

 

Lo que va a ser determinante este año, sigo pensando:

1) La reducción del déficit. Aceptemos que sí, que España ha conseguido, en el 2010, reducir su déficit del 11,1% con que cerró el 2009 al 9,3%, lo ha conseguido, vale, pero ya han visto cómo: aumento del IVA, recorte de gastos, aumento en impuestos del tabaco, reducción de salarios de funcionarios, … Bien, ahora imaginen que va a tener que hacer el Gobierno durante el 2011 para llegar al 6,0% que es a lo que se ha comprometido, y calculen las implicaciones que va a tener ese lo-que-va-a-tener-que-hacer.

2) El impacto de lo anterior, pienso se va a notar en el crecimiento, claro, pero realimentado por las implicaciones del entorno: a título de ejemplo: volumen de deuda portuguesa tenida por entes españoles: 98,3 mM€, ¿se imaginan los impactos aquí de las cosas feas que sucedan fuera?.

3) Pienso que a lo largo del 2011, más bien al principio, irá saliendo a la luz, y con bastante rapidez, la porquería que tienen las entidades financieras, de aquí y de fuera, y las segundas influirán en las primeras, con los efectos que ello va a tener, en crecimiento, claro.

4) El desempleo del factor trabajo aumentará, mucho, debido a lo ya comentado (ya saben que pienso que el 2011 será el equivalente hoy de lo que en la depresión fue 1930: el año más duro). Los precios acabaron el 2010 más elevados de lo que pensé: por las commodities, y por el efecto de ‘el milagro aún es posible’, eso, pienso, se va a acabar debido a que el desempleo, los recortes de gastos, los aumentos de impuestos (ya se está hablando de un IVA al 20%, incluso al 23%, también de un incremento en el IBI) y las reducciones en ingresos privados acompañados de una congelación del crédito, harán que el consumo se reduzca … en todas partes, por lo que las tan alabadas exportaciones ….

5) La deuda va a continuar pesando como una losa; la pública, en aumento, pero la de empresas y familias en los niveles actuales sin casi posibilidades de reducción. Las posibles quitas que se hagan ‘beneficiarán’ a algunos, aunque no a otros, y perjudicarán a todos: socavando la confianza: más.

6) En el 2011 ya no van a haber planes E en ninguna parte; ya, ya, ha sido un cambio de cromos: no-decrecimiento por déficit más algún colateral más: de ahí esas décimas positivas en el año pasado; pero esa vía se acabó.

El 2011: año duro, muy duro, durísimo. ¡Ah!, y que nadie vuelva a decir aquello de que ‘Estuvimos viviendo por encima de nuestras posibilidades’; por favor.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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