China es una bomba de relojería (1ª Parte)

 

No hay ninguna duda que China ha sido en los últimos años, y probablemente lo seguirá siendo en los próximos, el motor de crecimiento mundial. Las últimas estimaciones señalan que su economía superará a la de EE.UU. en 2030. Pero hay algo que se cierne sobre el país, y que algunos economistas están advirtiendo.

“China es una bomba de relojería”, afirmaba un importante gestor de Wall Street en el día de ayer.

Las consecuencias de una crisis económica en China, serían mucho más graves para la economía global que la actual crisis en Europa. De ahí la importancia que debemos dar a este tema.

Michael Shuman, uno de los mayores especialistas mundiales en las economías asiáticas, ha realizado un interesante análisis en Time Business, sobre la posible crisis económica en China. Dado su interés lo llevaremos a estas páginas en dos partes. Hoy la primera, y mañana la segunda. Shuman explica así porque en su opinión, China tendrá una crisis económica:

La opinión de la mayor parte del mundo es que China es indestructible. Olvidándose de la crisis que se multiplica en todas partes, China parece estar ajena a este escenario, con tasas de crecimiento espectaculares, no importa los vientos que tenga en contra. Parece inevitable que China superará a EE.UU. como mayor economía en el mundo.

No dudo ni por un segundo que China será una superpotencia económica con un papel cada vez más influyente en la economía global. En muchos aspectos, ya es una superpotencia. Pero eso no significa que la economía esté libre de problemas, un buen número de ellos creados por el mismo sistema estatista alabado por los expertos en los EE.UU. y en Europa. En mi opinión, si China no cambia su rumbo, y en gran medida, el país experimentará una crisis económica.

He estado pensando desde hace algún tiempo sobre el futuro económico de China, y la probabilidad de que se enfrente a algún tipo de terrible colapso, pero hasta ahora he sido reacio a defender mis puntos de vista con fuerza.

La razón es que es muy difícil decir lo que realmente está pasando en la economía china. Los datos son escasos o poco fiables. Y además China es en cierto modo, única en términos económicos. Son difíciles de encontrar precedentes válidos.

Luego está la cuestión del calendario. Es fácil decir que China tendrá una crisis, pero es casi imposible decir cuándo puede ocurrir. ¿El mes que viene? ¿El año que viene? ¿La próxima década? El hecho es que China podría seguir como está aún bastante tiempo. Por lo tanto, en otras palabras, cuando usted hace el tipo de predicción que yo he hecho, se tiene una importante probabilidad de que se esté equivocado.

Pero cuanto más tiempo paso en China, más convencido estoy que su sistema económico actual es insostenible. Sí, los economistas especializados en China le pueden dar todo tipo de razones por las que el país supuestamente es diferente, y por lo tanto, no se tienen que aplicar necesariamente las reglas normales de la economía. Pero una cosa que siempre digo es que la economía no se puede escapar de las matemáticas. Si los números no cuadran, no importa cual es el tamaño de su economía o cómo de rápido está creciendo o el peso que juega el Estado en ella. Y China tiene un montón de números que simplemente no cuadran.

Una gran parte de este descuadre ha sido creado por su capitalismo de Estado. China ha adoptado un modelo de desarrollo asiático, inventado por Japón y seguido, en distintos grados, por muchos países de rápido crecimiento en toda el Asia oriental.

 
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El modelo, de forma muy general, funciona de la siguiente manera:

1) Se saca provecho de los bajos salarios para impulsar el crecimiento a través de exportaciones y se industrializa rápidamente con cantidades considerables de inversión,

2) El Estado guía todo el proceso

3) Se emplean políticas industriales, dirigidas y financiadas por el Estado, para el progreso en sectores cada vez más avanzados.

Este sistema genera fantásticos niveles de crecimiento económico por un tiempo, pero luego, eventualmente, se bloquea.

Japón tuvo los inicios de su crisis en 1990 (y aún no se ha escapado dos décadas más tarde), Corea del Sur, el país que más copió el modelo de Japón, tuvo la crisis de 1997-98.

¿Qué sucede? El modelo se basa en lo que Alice Amsden, en su estudio de la economía coreana, llama “la obtención de precios equivocados”.

Para estimular los altos niveles de inversión necesarios para generar un rápido crecimiento, el modelo depende de la subvención dirigida por el Estado, lo que hace la inversión en ciertas industrias o sectores, más atractiva y menos arriesgada de lo que debería ser. El crédito barato se pone a disposición de la industria para que se inviertan en determinados proyectos. El tipo de cambio se controla para alentar a los exportadores. Se reparten todo tipo de subvenciones. Los bancos no están orientados comercialmente, sino que actúan en gran medida como instrumentos de la política gubernamental de desarrollo. Todos estos métodos de canalizar el dinero hacia la industria, público y privado, crean las astronómicas tasas de crecimiento que vemos una y otra vez en Asia.

El problema aquí es que los precios no se pueden fijar mal por tiempo indefinido. Hay una buena razón por la que los economistas clásicos siempre están tan enfocados en permitir a los mercados que encuentren el nivel correcto de precios. De esta manera, los mercados envían las señales correctas a los potenciales inversores de donde el dinero debe o no debe ir.

Si los indicadores de precios están sesgados, lo está la dirección de recursos. El modelo asiático a la larga crea tremendas distorsiones, en las que el dinero se desperdicia y se genera un exceso de capacidad. Las empresas subvencionadas no tienen que generar ganancias en la misma forma que las empresas no subsidiadas, lo que les lleva a tomar malas decisiones de inversión, construyendo fábricas y edificios que son innecesarios y poco rentables. Como resultado, los préstamos van mal y afectan al sector bancario. Eso es exactamente lo que sucedió en Japón y Corea. A pesar de que sus crisis fueron iniciadas de maneras muy diferentes: el estallido de una burbuja de activos en Japón, un shock externo en Corea – la razón de que ambos países se derrumbaran fue la misma: bancos débiles, empresas endeudadas, y malas inversiones.

Carlos Montero
China es una bomba de relojería (1ª Parte)
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