Coloquio

 

Santiago Niño Becerra.

Hace unas semanas me invitaron a un coloquio que había organizado una compañía (multinacional, ya verán el porqué de la puntualización). El formato estaba bien: se planteaba un menú compuesto por una serie de temas, un menú muy abierto, y luego, a partir del mismo, se iba derivando. Con el menú original y las entradas que se fueron haciendo podía elaborarse un guión interesante, un guión de cuatro puntos que daba un repaso a los cambios estructurales que están aconteciendo, también a los que va a venir después. Léanlo: este es mi guión a partir de aquel.

1 – ¿Puede alcanzarse un escenario mundial en el que dejen de darse crisis cíclicas?.
Aunque teóricamente ello es posible, no parece factible que algo así se consiga, al menos en un horizonte temporal asumible. El modo de eliminar las variaciones cíclicas es sencillo: lograr que la productividad crezca permanentemente y de forma continuada de modo que cuando comience a inflexar la rama ascendente de la curva de rendimientos decrecientes, una nueva tecnología inicie una nueva curva de modo que el proceso se repita indefinidamente. Algo así, insisto, posible en teoría, obligaría al ajuste permanente en la disponibilidad y en el consumo de todo tipo de recursos, y en la corrección tanto de la población existente como de la activa.

2 – ¿Qué tipo de relaciones laborales pueden intuirse en el entorno del año 2020?.
De esta crisis que ahora comienza se va a salir optimizando recursos y procesos productivos, por lo que en el 2020 puede darse por supuesto que la productividad será elevadísima. Por otra parte, la distribución de la población susceptible de ser activa podría ser la siguiente en línea con los principios apuntados por Charles Handy: entre (10 – 15)% de personas empleables con contratos fijos y a tiempo completo, desempeñando tareas de muy elevado valor añadido y muy elevada complejidad, y, lógicamente largamente remuneradas.

Alrededor del (10 – 25)% de la población activa ocupada de forma temporal aunque prácticamente ocupada al 100% debido a que su nivel profesional es elevado. No son imprescindibles como las del primer grupo pero si muy necesarias. Su nivel de remuneración sería alto. Entre (25 – 30)% de la población activa sería parcialmente necesaria, es decir, de forma discontinua y en mayor o menor medida de tal modo que en sus vidas profesionales podrían darse períodos de no-actividad. Se ocuparía de tareas con una elevada intercambiabilidad, complementarias y de un no excesivo valor. Su remuneración no sería elevada y siempre ajustable al tipo de tarea a realizar. El resto de la población en teoría activa no sería en absoluto necesaria para generar PIB.

Una distribución de la población activa o susceptible de serlo del modo descrito tiene consecuencias, tanto en la producción, como en el consumo, tanto en las relaciones con el poder económico – donde quiera que este resida- como en la obtención de recursos por parte del cuarto grupo e, incluso, de elementos del tercero. Cabe hablar de una segmentación de la población activa-ocupada según su grado de necesariedad, debiendo asumir, por tanto, que una parte de la población deberá ser subsidiada.

3 – ¿Competitividad dentro de las empresas en forma de unidades diferenciadas a fin de incentivar la innovación o diseño de una estructura de equipos integrados que respondan a un plan de inversión?.
Una de las características de los dos modelos económico-sociales: el actual y el anterior, fue el individualismo a todos los niveles que con creciente intensidad se ha ido produciendo, lo que ha estado muy bien porque el crecimiento se ha basado en una creciente competitividad que perseguía un único objetivo: el-ganador-se-lo-lleva-todo. Y lo cierto es que, dejando al margen todo lo que al margen deba dejarse, ha funcionado de fábula.

El problema de esta forma de hacer reside en el ingente desperdicio de recursos que supone una competencia a muerte. Cierto: quien gana recupera con creces lo gastado e invertido, pero en muchas ocasiones los gastos e inversiones realizados por quienes compitieron y no ganaron, aunque en el momento pudieran generar PIB, acabarán arrumbados y desperdiciados los recursos que sus desarrollos consumieron. Evidentemente no es extraño que esta forma de hacer fuese en aumento durante la fase -hasta ayer- en la que se daba por supuesto que la oferta de recursos era ilimitada y su precio reducido.

En el próximo futuro puede suponerse que la forma de trabajo estará basada en equipos integrados, dentro de una misma compañía, pero no sólo: también entre elementos de diferentes compañías integradas en una misma corporación o, incluso, en diferentes corporaciones de modo que colaboren en temas específicos a fin de optimizar recursos y procesos. La idea, en consecuencia será la de colaboración coordinando metodologías. De nuevo evidentemente, algo así supone una planificación de necesidades de todo tipo.

 
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4 – ¿Se hallará España en el próximo escenario tecnológico e innovador mundial?.
España cuenta con dos hándicaps a la hora de entrar por la próxima vía tecnológica e innovadora que ya se está pergeñando en este entorno postglobal en el que nos hallamos. Por un lado, su historia: los modelos productivos que España ha estado utilizando desde el siglo XVI han utilizado muy poca tecnología y han sido muy poco innovadores; por otro en los últimos veinte años ha basado su boom económico en subsectores muy intensivos en factor trabajo y, a la vez, no ha potenciado la investigación tecnológica en subsectores en los que podría haber contado con una ventaja diferenciadora, como la agricultura.

Además, el concepto ‘Estado’ es propio de modelos individualistas y, por tanto, en retroceso. La potenciación de la coordinación y la búsqueda de la eficiencia tenderán hacia una distribución territorial diferente en la que la figura de los clusters se verá claramente potenciada, centrando la actividad en aquellas áreas clusterizables, escenario que en España puede calificarse de escaso y parco.

Para reflexionar.
(Me envía una amiga un mail y me dice que, mientras lo estaba escribiendo, llega una prima con su madre: ochenta-y-muchos. En la charla la señora recita un cantar que sabe desde que era pequeña:

“El mundo está caducante,
prevaricante la gente,
los delitos en creciente,
las virtudes en menguante,
la vanidad muy pujante,
en escándalo la plebe
lo sagrado está ofendido,
no se paga a quien se debe,
en fin, ¡todo está perdido,
hete aquí, porque no llueve!”

El cantar, insisto: tiene ochenta años, adapten sentidos y tachen los versos que puede decirse que hoy no tienen vigencia).

(¡No!. ¡No!. ¡No! y ¡No!. Si se habla del déficit en las cuentas de las regiones se tiene que hablar del déficit fiscal interregional: uno tiene que ver con el otro del mismo modo que un automóvil tiene que ver con sus ruedas. ¿Diciendo esto digo que la cosa es aún más grave?, ¡evidentemente!: para algunas regiones muchísimo más grave: están mucho peor: si las transferencias interregionales fueran menores sus déficits serían mucho más elevados; para otras menos grave: sus déficits serían menores y mayores sus posibilidades de crecimiento. Lo peor es que parece que no se quiere ver que la crisis sistémica en la que estamos inmersos llevará a que quienes dan puedan dar menos, ¿o querrán que sigan dando lo mismo y que empeoren aún más sus posibilidades de crecimiento y su posición social).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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