El discreto encanto de lo agradable

 

Santiago Niño Becerra_La Carta.

 
(Ya, me he copiado el título: “Le charme discret de la bourgeoisie”, Luís Buñuel, 1972, pero es que pegaba)
Nunca he tenido el gusto de tener una charla con Mr. George Soros, y me gustaría, pero he leído bastantes cosas suyas, y le he visto en varias entrevistas; pienso que el que calificase de “agradable charla” (El País 22.09.2010, Pág. 1) la reunión que él y otros tycoons (lo son, lo son, y no es nada malo: es así) mantuvieron el 21 de los corrientes con el Presidente de Gobierno del Reino de España pone de manifiesto uno de los rasgos característicos del carácter de esta persona: la ironía.
Pienso que una reunión para tratar de la fiabilidad de una economía (de eso iba, en el fondo, ese encuentro: de la confianza que inspira el Reino de España) puede ser creíble, productiva, franca, provechosa, un fiasco, … pero no agradable; es agradable una reunión en la que se comente la posibilidad de llevar a cabo un negocio que beneficie a las partes, en la que, incluso, se traten problemas que hasta el momento se han producido en el desarrollo de una colaboración, pero no una en la que una persona trate de demostrar a otras que la economía a la que representa -que gobierna, en este caso- es confiable.
No asistí, pero pienso que en esa reunión el Presidente del Gobierno del reino se esforzó, mucho, mucho, y expuso lo que aquellas personas (consulten la lista de asistentes) esperaban oír. Pienso que nada quedó a la improvisación: aquellos megainversores ya habían manifestado qué querían escuchar, pero no a través de un emisario, sino del propio jefe del Gobierno que en estos momentos gobierna al Estado que representa: fue elegido democráticamente; oírlo de sus labios: de los de alguien que, tal vez, dentro de dos años ya no sea presidente del Gobierno de ese Estado, pero eso dará lo mismo: se reunirán con el que sea y le recordarán lo que con su precedente acordaron.
Confianza: en esa reunión el presidente del Gobierno español dijo que se haría lo que hubiera que hacer: lo que hiciese falta: 1) para reducir el déficit, 2) para reunir los fondos necesarios para atender los pagos de la deuda, 3) para pagar esa deuda del modo que fuese. La traducción de eso es simple: como el problema reside en los ingresos, aunque se hará lo necesario para que no desciendan, lo que es francamente difícil (que aumenten es, digamos, bastante difícil); también se hará lo necesario para que esos presumiblemente menores ingresos den para atender la deuda, ¿cómo?, reduciendo los gastos públicos (estatales, regionales, municipales) hasta donde sea preeciso, así como los costes de quienes tienen que generar los fondos para atender esa deuda: el PIB generado por las empresas, ¿de qué forma?, facilitándoles la reducción de costes laborales ya que el español es un modelo intensivo en factor trabajo: ese, entiendo, es el objetivo de la reforma laboral (jamás olviden que nació con el objetivo de reducir la temporalidad: ¡las vueltas que dan las cosas!).
Es decir, de la noche a la mañana -en dos años- España ha pasado de ser guay a tener que demostrar que se puede confiar en ella y a poner como prioridad el pago de la deuda que contrajo para ser guay y para prolongar una situación improlongable (En el 2008 el Presidente del Gobierno de España decía: “(La economía española) es fuerte y segura para avanzar con vientos a favor y con dificultades”). (Esa es otra diferencia entre la economía española y la de otros países: desde Septiembre del 2008 todas las economías están haciendo lo que haga falta para aguantar, todas; la diferencia radica en que Alemania, por ejemplo, lo ha hecho a base de exportar mientras que España lo ha hecho a base de cargarse con un déficit monstruoso; ambas, España y Alemania, van a tener problemas, lo que sucede es que en Alemania, al menos ciertas zonas, al menos ciertas tecnologías, podrán ser el núcleo de futuros clusters de actividad transnacional en los que esas tecnologías podrán ser líderes, España, en cambio, ¿qué zonas, qué tecnologías tiene para clusterizar, para liderar?).
Hay que reconocer que el proceso ha sido verdaderamente genial: se coge una economía, se le hace crecer a base de deuda dándole todo el crédito que pida, cuando ha llegado al límite físico de su endeudamiento se le recuerda que tiene facturas que pagar, recordatorio que hace que la confianza que en ella se tiene se tambalee; por si fuera poco, eso que le pasa a ella le pasan a otras: a todas las del planeta en el que esa economía se halla ubicado, por lo que la tarea más perentoria pasa a ser que no se derrumbe nada, por ello esa economía hace cosas, cosas que aún empeoran más su situación deudora y empeoramiento que se traduce en más déficit. Los acreedores apremian, y el precio de la refinanciación de esas deudas -del aplazamiento- se encarece, y la confianza se resiente más: ¿podrá pagar todo lo que debe?: ya es mucho y va a ser más. Al Gobierno de ese país se le sugiere lo que debería hacer para recuperar la confianza que el país está perdiendo, y se le dice que lo analice, y luego, se le convoca a una reunión para que ratifique de viva voz que va a hacer lo que se le ha sugerido que haga, una reunión que se traduce en “agradable charla”.
¡Genial!. En 1996 España era lo que era y estaba donde estaba, y tenía un nivel de deuda privada del 67% del PIB, en el 2007, cuando ‘La economía española jugaba en la Champions League de las economías mundiales’, esa deuda privada se hallaba situada en el 220% del PIB: España creció a base deuda, deuda que produjo pingües ganancias a esos tycoons (y a otros menores), y ahora, éstos están asegurando la recuperación de sus financiaciones y España, para pagar, va tener que destinar una mayor parte del menor PIB que va a generar.
No, no piensen en aquello de que ‘Para este viaje no necesitaba alforjas’, las cosas, en cada momento, son como son, y en numerosas ocasiones se juega el juego que toca jugar, y siempre con las cartas que llegan. La evolución es eso, lo que sucede es que al final aparecen consecuencias no imaginadas (por muchos), consecuencias que son feas.
¡Ah!, por cierto: hoy en ninguna parte, pero aquí menos: si se apuesta por aumentar la productividad la población ocupada descenderá, es así, punto. Hay dos variantes: subemplear a gran parte de esa población activa, o meterla en cursos de formación, en el primer caso la tasa de desempleo no crecería, en el segundo incluso podría reducirse.
Y la oposición, callada; callada.
(Ya saben que el pasado Sábado 24 estuve en Cangas de Onís dando una charla, bien, pues un buen amigo me dijo que iba a llevarme a un sitio que tenía que ver, y fuimos, y sí, tenía que verlo. Está en Gijón y hoy se le conoce como ‘Laboral Ciudad de
la Cultura’ pero no siempre fue así: cuando su construcción fue iniciada en 1946 nació como la Universidad Laboral, y nació con un objetivo muy concreto.
Considerado el mayor edificio jamás construido en España, la Universidad Laboral de Gijón fue la primera de las universidades laborales: una idea de José Antonio Girón de Velasco, a la sazón Ministro de Trabajo. El principio que subyacía en estos centros de formación era absolutamente populista: ¿por qué el hijo o la hija -las hubo masculinas y femeninas- de un obrero no podía estudiar en la universidad?. Y, ¿por qué no podían disponer de esos hijos y esas hijas de obreros de las mejores instalaciones?.
La Universidad Laboral de Gijón es un edificio que impresiona. Mastodóntico, pétreo, denso, macizo, inmenso,. Concebido para formar a hijos de obreros en aquello que los hijos de obreros iban a necesitar en su vida, y para formar a esos hijos de obreros entre los hijos de otros obreros, contó, efectivamente, con unas instalaciones impresionantes para su época, luego, con el fin del Franquismo, el concepto se tornó obsoleto y su mantenimiento insostenible.
Se dice que es imposible acabar de entender el Franquismo sin visitar el Valle de los Caídos, ahora pienso que es esencial, para entenderlo en toda su extensión, visitar la Universidad Laboral de Gijón: un ejemplo, elevado a la categoría de desmesura, de la filosofía fascista: para el pueblo grandeza a través de la patria aunque esa grandeza supusiese carencias sin nombre: en la España arruinada de los finales 40 y primeros 50, ¿qué representaría el coste de levantar la enormidad que es la Universidad Laboral de Gijón?. Si van a Gijón visítenla: vale la pena, se lo aseguro (hay visitas guiadas)).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
El discreto encanto de lo agradable