El mañana que siempre ha estado aquí

 

Existen dos formas de decir algo, lo que sea. Una es decirlo claramente, sin ambages ni recovecos; la otra es decir sin decir, dar vueltas, establecer circunloquios para, a través de aproximaciones sucesivas, decir lo que se pretendía decir. El primero no supone duda: ‘Dos más dos en base diez es igual a cuatro’, ‘Lo siento, pero su nivel de inteligencia no le permite entender este tema’; el segundo sí: ‘Cero coma tres, más uno, más dos coma siete, en base diez es igual a cuatro’, ‘Parece ser que este tema es muy, muy complejo; debería meditar si necesitaría ayuda para abordarlo’. Con la situación económica, clara y definitivamente se ha optado por el segundo camino. (La evolución de las cosas no permitía la otra, ya).

Ahora ya se da por hecho que la recuperación se ha frenado. ¡No, no!: la recuperación nunca existió. Entre el 2009 y el 2010 hubo un cambio de cromos consistente en no-decrecer ‘creciendo’ unos puntitos a costa de cargarnos a la espalda unos déficits de infarto; de no reducir ni un centavo la deuda que se arrastraba; de aumentarla, incluso; de meter directa o indirectamente en las entidades financieras privadas cientos de miles de millones de dinero público sin que ni siquiera sus accionistas tuvieran que despeinarse; prometiendo a las ciudadanías que la solución estaba en las exportaciones; pidiendo a la población sacrificios asegurando que mañana todo volvería a ser de color de rosa; asegurando que el nuevo Nirvana estaba en unos lugares denominados ‘economías emergentes’. Y quienes no se creyeron todas esas promesas y dijeron que con lo que se estaba haciendo además de hambre tendríamos ganas de comer y nos quedaríamos sin nada en las despensas, fueron tachados de catastrofistas.

Bien; los ecos de aquel cambio de cromos ya se han diluido entre los desfiladeros del olvido; ya ni quedan planes E, ni deuda nueva, ni déficit que aumentar. Aún no todo el mundo es consciente de que tan sólo contamos con lo que tenemos, que es muy poco, y que con eso vamos a tener que tirar; pero aún se está utilizando el lenguaje de la segunda opción: ‘Cero coma tres, más uno, más …’, y se siguen buscando subterfugios, palabras con dobles sentidos, vocablos que suenan a ejercicios de distracción: ‘las previsiones apuntan a peor, a mucho peor, pero no se va a producir una nueva recesión’. No, claro que no: lo que mañana va a suceder es parte de lo que está sucediendo desde el 2007, de la tercera fase iniciada a mediados del 2010: ahora es cuando, pienso, ya saben, que la crisis se agudiza.

De entrada, reparen en que la palabra ‘crecimiento’ ha desaparecido del vocabulario de los políticos, de todos los políticos de todas las latitudes. A continuación, fíjense que con calzador se ha metido / se va a meter en las constituciones y legislaciones, y con una gramática gris, la limitación-de-gasto-a-lo-que-se-ingrese. Luego vendrá el aumento de contribuciones fiscales y la creación de algunas nuevas o la imposición de recargos en otras ya existentes para compensar las caídas recaudatorias que se van a producir en las que están vinculadas al crecimiento, serán aumentos en contribuciones de difícil escape, será recargos de imposible olvido. Y la vía de apremio, claro. Y sí, en todas partes pero más aquí.

Lo que más me enciende es el camino que se ha utilizado; ya, ya: somos humanos. Asegurar algo que se sabía imposible; culpabilizar a otro algo que estaba siendo manipulado; dar esperanzas en relación a otro algo de más allá que era pura coyuntura artificial. Alemania iba a continuar exportando mientras le siguiesen comprando, es decir, mientras quienes le compraban tuviesen crédito, a la que eso dejase de pasar, Alemania, o se comía su exceso de capacidad productiva, o lo reducía. ¿Qué parte de los aumentos del precio del petróleo que se han producido en el último año han sido debidos a que los barriles de crudo han sido utilizados como objetos especulativos?. Y los BRICs, o los MITSKs, ¿en qué se han basado las promesas que sobre ellos se han hecho?, ¿dónde se hallaría Brasil sin las cascadas de crédito que han sido derramadas sobre su población?, ¿dónde China si no hubiese acumulado 2,5 B de deuda de otros?, ¿dónde Indonesia sin el efecto rebote chino?.

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El problema que tienen los subterfugios, los camuflajes, las cortinas de humo, es que se acaban: todas esas cosas aguantan muy mal el paso del tiempo, de las semanas, de los días. Ahora la cosa ya no da más de sí, y ahora ‘la recuperación se ha detenido’, aunque, ‘no llegará otra recesión’, hasta que en Otoño se anuncie que ‘la recesión es inevitable’. Se inventarán razones y se fabricarán motivos; se volverá a mentar la ‘W’. Pero lo cierto es que, pienso, se habrá ido un tiempo que ya no volverá: el tiempo jamás vuelve.

 

Aquí, en el reino, a esperar al 20 N y a algún affaire balompédico que anime un poco el cotarro; un poco, sin pasarse, que la cosa ya no está para muchos trotes; mientras a seguir oyendo la marea que va llegando: las filtraciones del Fondo, las previsiones de S&P, los nuevos números de la OCDE. Diferentes letras para una misma música. En fin.

(Un poema: los rostros del Sr. Rodríguez Zapatero, de la Sra. Salgado y del Sr. Chaves en la fotografía que El País de ayer publica en sus Págs. 10 y 11; en la votación de la reforma constitucional del -0,4%, sí. Al respecto (de la reforma, no de la foto), me preguntó un amigo desde Londres que qué opinaba. No sé, hablando con él se me ocurrió que se está dando mucha importancia a haber reformado la Constitución para eso y puede que lo que de verdad suceda es que las constituciones, su concepto, ya esté superado y, como no hay otro lugar donde meter cosas como el -0,4% se ha metido ahí. Y, el fondo del tema, prometer a los mercados que se les dará su parte a fin de evitar la intervención, pienso que no: España, y todos los países, ya lleva tiempo intervenida: desde un minuto antes de que se acabase el party por parte de quienes posibilitaron que ese party empezase; o sea que a esos quienes lo que pueda decir una constitución…, por ejemplo, que la norma entra en funcionamiento en el 2020; pero si conviene mañana será el 1 de Enero del 2020, ¿no?).

(¿Sobre las nuevas previsiones de S&P?, no me cuadran los números. Con un cerrojazo al gasto público, ¿cómo es posible que si el desempleo se mantiene prácticamente invariable y el nivel de precios cae la friolera de 1,3 puntos, la economía crezca dos décimas teniendo en cuenta que el crecimiento de la UEM se reduce?. En cualquier caso difieren bastante de las del Gobierno, y el presupuesto del reino está elaborado con esas, luego…).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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