El regreso del ánfora

 

Dedicado a mis compadres (que no les gusta el albujarra), al asturiano, al alicantino y al mayorquín. Os aprecio sinceramente.

 
Alain y Philippe Viret.
JORDI MELENDO.
En la búsqueda de historias de vitivinicultores ecológicos-naturales-biodinámicos, llego hasta el Domaine Viret, en el Ródano. Y lo hago después de leer ‘Vignerons rebelles’, de Jean-Claude Ray, un libro publicado hace ya algunos años, y otro, ‘Visages de vignerons, Figures du Vin’, de Mathilde Hulot y de más reciente edición. En ambos títulos aparecen Alain Viret y su hijo Philippe. Merece la pena conocer la filosofía de esta bodega situada en el corazón del Ródano meridional, cerca de los ‘crus¡ de Châteauneuf-du-Pape y Gigondas, en altas laderas de Saint-Maurice. Al principio, una vez sabemos lo que es un vino ecológico, uno natural y uno biodinámico, nos encontramos ante un término cuanto menos insólito: el de ‘cosmocultura’.
Alain y Philippe Viret.
Por eso, lo primero que le pregunto a Philippe Viret, quien junto a su padre Alain constituyen el ‘alma’ de este proyecto, es que significa la cosmocultura. “La cosmocultura es un enfoque de un método bioenergético y nosotros hemos estado siempre muy interesados en cómo funciona el suelo y una planta en sus principios energéticos, pues la agricultura biológica es ante todo una aplicación de tratamientos y, nosotros al mismo tiempo hemos estudiado todo el entorno energético de un suelo, hemos estudiado profundamente el lugar, donde crece la viña, en este caso en nuestro Domaine, el Clos du Paradis, donde hemos trabajado sobre la reorganización de cargas electromagnéticas o recursos de la tierra, colocando piedras elevadas como un sistema de menhires o acupuntura. Se trata de establecer una relación con la polaridad del cielo, sus fuerzas y, estas piedras hacen de condensador en el campo telúrico”.
Viret me explica que piedras de este tipo las podemos encontrar en muchos lugares de Francia, como en Alsacia, en Córcega, en Bretaña, y que por lo tanto con la cosmocultura se pueda aportar energía al suelo y a la planta: “De todos modos hay muchas medicinas energéticas que uno puedo encontrar en la cultura asiática como la acupuntura o en otros muchos principios de la medicina oriental”.
La historia de los Viret podría ser una más entre las de cientos de familias en busca de la obtención de un vino en el que se exprese la esencia de la tierra de donde procede. En 1917, Julien Genin, abuelo y bisabuelo de los actuales propietarios, adquirió la propiedad situada en Saint-Maurice-sur-Eygues. En 1963, Alain Viret llegó a la explotación de la que se hizo cargo una década más tarde. No fue hasta el 85 cuando se comenzó a orientar la viticultura hacia un modelo respetuoso con el lugar y su ecosistema. En 1990 Philippe Viret comenzó a estudiar enología y viticultura, época en la que el Domaine empezaba a orientarse hacia esta cultura física denominada Cosmoculture. En 1999 se construyó la bodega, una ‘catedral’ del vino y, en el 2000 salieron al mercado las dos primeras ‘cuvées’, Coudée d’Or y Renaissance.
El ‘terroir’ de Domaine Viret, en el que el punto de partida es la toma de conciencia del potencial de la propia tierra, tiene unos suelos ricos en arcilla, calcáreos, grava, en algunos casos profundos. Este suelo unido a la exposición ideal de la viña, al sur, a una latitud entre 250 y 300 metros, permite la obtención de unas cosechas ricas de los compuestos necesarios para la producción de vinos de calidad. Trabajan con todas las variedades más famosas de Côtes du Rhône, como garnacha, syrah, monastrell y cariñena, para los tintos, y viognier, roussanne, marsanne, clairette y bourboulenc, para los blancos. Esta gran diversidad de castas, obtenidas en su mayoría mediante selección masal, con cepas viejas de una edad media de 40 años, deja presagiar el valor de los vinos.
La regla áurea, el codo egipcio, las 13 columnas, arcos de media punta, el respeto al ángulo solar (completamente al sur), la polaridad magnética del lugar, son algunas técnicas adoptadas desde tiempos inmemoriales para la construcción de edificios religiosos, y que también se utilizaron para la construcción de la bodega. La crianza se realiza en depósitos de hormigón, y también en barricas para determinados vinos, siempre con el objetivo de preservar su originalidad. La principal finalidad sigue siendo la obtención de una materia prima de óptima calidad. Las uvas deben estar sanas y naturales, para poner en marcha un método de vinificación en la bodega con una intervención mínima y sin la adición de productos enológicos a fin de conseguir vinos auténticos, naturales, un fiel reflejo de los gustos locales olvidados.
Otro elemento que hace todavía más singular el proyecto del Domaine Viret es la vinificación en ánforas. Desde hace tres añadas, en el Domaine Viret han iniciado la fermentación y la crianza de sus vinos en ánforas, más concretamente en Dolias, fabricadas a partir de arcilla, que eran los recipientes utilizados en la antigüedad durante la época Romana. Según Philippe Viret, “la idea de orientar una parte de nuestra producción utilizando ánforas fue motivada por una cata a ciegas con nuestro importador en Bélgica, conocido por su incesante búsqueda de la originalidad y de la identidad de los vinos que selecciona, en la que había un vino de un vino procedente de Sicilia que había sido elaborado en este tipo de recipientes”.
Cuando Viret degustó el vino sintió una emoción especial por su equilibrio y pureza, lo que le animó a conocer más el proceso de vinificación en ánforas e introducirlo en su bodega. Para Viret las características de los vinos que se obtienen no son casuales: una oxigenación más importante que en otro recipiente de fermentación; un trabajo más laborioso y manual; una fermentación menos activa y a más baja temperatura favorable a preservar los sabores primarios de la uva; y una necesitad de envejecimiento más corta. Después de muchas horas de investigación, un alfarero de Vaison-la-Romaine, pequeño pueblo situado a 15 kilómetros del Domaine Viret, les fabricó los recipientes con las características que requerían (mayor obertura para facilitar el trabajo y favorecer los remontados de las lías, con arcilla procedente del domaine, etc.). Pronto contarán con 20 Dolias de 420 litros cada una, todas ellas numeradas en cifras romanas. También tendrán los resultados de los estudios sobre las opciones de diferentes arcillas, sobre la porosidad, sobre la reducción y sobre la crianza. Philippe Viret quiere preservar ante todo la seriedad de su programa de investigación y experimentación.
En e
l Domaine Viret definen la cosmocultura como el renacimiento de un método de la cultura ancestral. A partir del conocimiento de las antiguas civilizaciones (Maya, Inca) la cosmocultura se basa en el intercambio entre las energías cósmicas y telúricas. Sobre el terreno, la acumulación de balizas de la energía cósmica se encuentra en puntos específicos y sirven para favorecer una relación íntima entre el cielo y la tierra para volver a crear una atmósfera donde la vid encuentra sus defensas naturales. La cosmocultura es un método de agricultura que reúne los principios fundamentales de las culturas biológicas y biodinámicas, abriendo un nuevo horizonte sobre principios bioenergéticos, que pueden aportar soluciones a los agricultores para reequilibrar, reenergetizar y salvaguardar los equilibrios vivos y los ecosistemas. “El agua es el soporte fundamental de la vida celular, es pues el elemento principal y organizador de la vida y de este modo de cultura. Los campos telúricos y cósmicos son los lazos y el hombre, los vegetales los animales, son los beneficiarios. Este método, inspirado en sus experiencias, incluye orgánicos y biodinámicos, y abre nuevos horizontes en los principios ancestrales olvidado como geomagnetismo y las energías cósmicas” comenta Philippe Viret.
Otro tema que planteo a Philippe Viret es la relación entre la cosmocultura y la biodinámica. Este vitivinicultor del Ródano explica: “Respecto a la biodinámica hemos hecho un trabajo de enfoque vegetal de preparados, trabajamos con fórmulas que nos prepara un consultor que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de las plantas y su funcionamiento biológico, pero también sobre el enfoque energético, estudiando el potencial de cada planta. También tenemos muy en cuenta todo lo referente a lo que se denomina la memoria del agua, según su composición, de cristal líquido con tres estructuras, tridimita, cuarzo y sílice. El agua puede almacenar y transmitir información en forma de preparados biodinámicos, estimular y actuar en los diferentes elementos. En agricultura, se puede utilizar como una ayuda útil en la regeneración de los suelos, en la optimización de la calidad de la salud, la energía y frutas nutritivas”.
Para todo ello también se basan en los resultados del brillante trabajo del japonés Masaru Emoto, que parece demostrar que el agua es capaz de almacenar mensajes. “Emoto”, comenta Viret, “ha analizado aguas de diferentes orígenes y ha constatado mediante la cristalización que el agua pude contener mensajes, lo que abre el camino una medicina de futuro”. Y añade: “Respecto al vino como elemento vivo, la cristalización sensible permite ver las moléculas y su potencial energético”. El centro de todo el enfoque adoptado por los Viret es la cristalización, el cuarzo proporciona un flujo de energía tanto de lo cósmico y lo telúrico y, ellos ven en la viña un carácter cultural, social y religioso que permite reencontrar sensibilidades empíricas olvidadas.
Y con ello me resulta inevitable plantear a Philippe Viret sobre si hay un carácter ‘espiritual’ con todo esto, a lo que responde: “La predisposición espiritual en el tema de la viña y del vino es necesaria, para mi el vino es un transmisor de emoción, decimos a menudo que el vino se parece al ‘vigneron’ que lo ha elaborado, creo que la viña es muy receptiva también a su contacto con el hombre. En la dinamización clásica se utiliza el ‘vortex’ para aportar energía, pero creo que a través del pensamiento se puede establecer una relación con la naturaleza que puede aportar una dinámica distinta al vino. Nuestra filosofía se basa en principios geobiológicos y energéticos que deben dar lugar a la expresión y sensibilidad personal e íntima de quien produce el vino”.
Si el objetivo del Domaine Viret es la elaboración de vinos auténticos, verdadero reflejo del territorio donde han nacido, lo han conseguido, cosa que podemos comprobar al degustar algunos de sus vinos AOC Côtes du Rhône Villages como Cuvée Renaissance y Cuvée Emergence. Vinos con valor añadido, en lo emocional y en lo gustativo, como resultado final de un largo período de reflexión y trabajo por parte de Philippe Viret y su padre Alain.

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