Elecciones japonesas: un mandato para el statu quo y no para el cambio

 

tokyo stock exchangeLas encuestas iniciales en Japón otorgan al Partido Liberal Democrático gobernante de Shinzo Abe y al Nuevo Komeito 70 o 71 escaños de los 121 totales, un resultado con el que suman 130 escaños de los 242 posibles.

En el sistema bicameral de Japón, la cámara alta tiene un poder menor pero cuenta con la capacidad de bloquear la legislación propuesta por el gobierno, por lo que estamos ante una gran victoria para Abe, que pasa así a convertirse en el Primer Ministro que cuenta con mayoría parlamentaria en seis años.

La escasa participación electoral de apenas el 51 por ciento apunta a que el resultado era ampliamente esperado, pero también sugiere un pobre entusiasmo por la plataforma de Abe. Este resultado no es motivo para que Abe trate de hacer ver un respaldo de sus reformas económicas. Pero hasta ahora no han sido precisamente las “reformas” las que han primado en la “Abenomics”. De hecho, hasta la fecha, el “Abenomics” solo ha sido la última variedad de la política de alargar y disimular, es decir, más de lo mismo:

  • Gastar el dinero que no se tiene: expansión fiscal
  • Imprimir dinero para el que no se tiene garantía: relajación monetaria
  • Aparentar que se tiene la intención de implantar grandes reformas y vías estructurales para estimular el crecimiento económico

Los datos más crudos y fríos muestran que Japón tiene un largo camino por recorrer antes de que la rueda de reformas reales empiece a girar. Ni siquiera el Fondo Monetario Internacional se ha tragado toda la historia por ahora. El fondo advierte de que a pesar de las buenas intenciones en Japón, la clave reside en la ejecución real del plan tras las elecciones a la cámara alta:

La coyuntura macroeconómica de Japón sugiere que:

 

Si volvemos la vista a 2010, en ausencia de la “Abenomics”, el crecimiento era del 4,7 por ciento en la última expansión fiscal. Y ahora se observa la mayor “apuesta” en materia de relajación cuantitativa de la historia de cualquier país mientras que los índices de crecimiento proyectados se sitúan en un 1,6 por ciento para 2013 y en un 1,4 por ciento para 2014. Así pues, tras implantar una nueva y gran estrategia de expansión monetaria y una pobre paleta de reformas, ¿sigue previéndose un menor, en lugar de un mayor, crecimiento?

Si el plan consistía en asestar un golpe al crecimiento a corto plazo con vistas a ejecutar firmes reformas estructurales, todo ello podría tener sentido, aunque conviene observar que la deuda estatal se ha disparado desde el 216 por ciento del PIB en 2010 hasta la previsión del 245 por ciento del PIB hacia finales de este año. Nadie consideraría estos datos como un éxito.

El “mandato” que se ha concedido a Abe va a servir para trabajar en toda una serie de cambios prácticos, algunos de ellos muy controvertidos:

  • Reiniciar las centrales de energía nuclear, a lo que muchos japoneses se oponen
  • Lograr la aprobación de la Alianza Transpacífica, un acuerdo de libre comercio
  • Reducir el impuesto de sociedades desde el 36 por ciento
  • Incrementar el IVA, o el impuesto sobre ventas, que pasará del cinco por ciento al diez por ciento desde abril de 2014 hasta octubre de 2014.

Todo ello se sitúa en línea con las recomendaciones del FMI. No obstante, tal y como recalca el FMI, con ello solo se financia en torno a un 50 por ciento de la consolidación fiscal requerida. Reitero: doblar el IVA solo servirá para sufragar la mitad de lo que se necesita.

 

 

Tal y como puede observarse en el gráfico del FMI, el proceso de ajuste fiscal es en esencia demasiado grande para estar en manos de una sociedad como la japonesa, con una población con un rápido envejecimiento, una escasa población activa femenina y un gasto estatal desmedido.

Japón no es pobre, pero, sin reformas reales, y no me refiero a las reformas retóricas de políticos como Abe, va a agotar sus ahorros. El peligro sigue estando en que Abe sacará lo mejor de sí mismo desde una perspectiva política fingiendo que hace algo, aunque realmente no hará nada. ¿Por qué? Una población que envejece y que está habituada a unas tasas de ahorro elevadas y que tiene intención de vivir de sus ahorros sencillamente considera que la deflación es una opción correcta mientras detesta todo signo de debilitamiento del poder de adquisición de sus ahorros. ¿Un objetivo de inflación del dos por ciento? No gracias. Dicho de otro modo, la realidad y la percepción política son conceptos opuestos.

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La “Abenomics” va a fracasar y no por lo que he dicho, sino porque no puede conllevar un crecimiento sin una mejora de las condiciones de las dinámicas pequeñas y medianas empresas. Estamos ante el motor real de la economía, función que no desempeñan las grandes compañías ni los grandes bancos. Un crecimiento sin innovación y un crecimiento sin la formación de capital por parte de un sector privado saneado no es crecimiento. Es una mera ilusión monetaria como la que los estadounidenses han tratado también de aplicar en estos últimos años.
Siguiendo con los estadounidenses, también son ellos quienes forzaron una nueva constitución en Japón, basada en la constitución estadounidense, a raíz de su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Son pocos quienes conocen la historia y predomina la opinión de que la pasión real de Abe nada tiene que ver con la “Abenomics” sino con reformar la constitución japonesa con vistas a que sea más coherente con los valores culturales tradicionales japoneses, entre otras cuestiones.

Abe está tratando de modificar el artículo 96 de la Constitución japonesa, que es una cortina de humo de su objetivo real, que es cambiar el artículo nueve. Todo ello cobra sentido si tenemos en cuenta que el artículo 96 recoge que se necesita una mayoría de dos tercios para modificar la constitución, mientras que el artículo nueve trata específicamente del pacifismo y de la renuncia al uso de la fuerza en Japón como medio de solución a las controversias internacionales a las que se enfrente el estado.

Si se enmienda el artículo 96 y se establece el voto de la mayoría, Abe se hará con la autoridad necesaria para emprender grandes cambios en la constitución de Japón. Este siempre ha sido su gran objetivo. Abe considera que su función es devolver el orgullo nacional a Japón y salir de la sombra estadounidense. No creo ni que el propio Abe piense que su reforma de “Tres Flechas” vaya a funcionar. No conviene olvidar que en su día ya fue Primer Ministro y que sabe lo difíciles que son los cambios en Japón.

El interés real de Abe reside en contribuir a que Japón reclame su identidad nacional y recupere su lugar en la geopolítica, como una nación independiente con una sólida capacidad militar a la hora de defender sus intereses estratégicos.

Conclusión

El Primer Ministro Abe ha ganado una batalla pero sigue perdiendo la guerra al no lograr impulsar el crecimiento ni reformar la economía japonesa. No obstante, puede tratarse de una maniobra minuciosa en aras de afianzar su agenda política real. Los peores parados serán las reformas reales, el crecimiento de Japón y los japoneses.
Es posible que las elecciones del domingo supongan la fase final de la “Abenomics”. No descarto que el par dólar-yen suba hasta 120 ni tampoco que observemos nuevas escaladas en el Nikkei. No obstante, apostaría lo que sea a que es más probable que Bjarne Riis me pida que corra con el equipo Saxo Tinkoff en el próximo Tour de Francia a que Japón sitúe su inflación en el dos por ciento.

Steen Jakobsen, Economista Jefe, Saxo Bank 
www.saxobank.es

Elecciones japonesas: un mandato para el statu quo y no para el cambio
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