Estados Unidos, el otro refugio del III Reich

 

Carlos Camino.

Mengele

Con un gesto de alivio, aunque con los ojos asustados después de haber visto tanto dolor. Así recibían los prisioneros de los campos de concentración nazis la llegada de los soldados americanos que les liberaban de su sufrimiento. Poco podían pensar entonces que sus libertadores no castigarían a sus verdugos, acogiéndoles en el seno de sus fronteras, sin hacerles pagar por el genocidio.

No sólo famosos científicos cruzaron la frontera buscando rehacer su vida en el Oeste, también agentes de las SS o ideólogos del genocidio vivieron en Estados Unidos. Así lo desvela un informe de 600 páginas del Departamento de Justicia estadounidense que ha sido mantenido en secreto por cuatro años. Allí se detallan años de éxitos y fracasos de la OSI (Oficina Especial de Investigación), dedicada a la persecución de nazis.

“América, enorgullecida de haberse convertido en un refugio para los perseguidos, se convirtió también -en menor medida- en otro para los perseguidores”, detallan las páginas de este oscuro documento secreto, que ante amenazas de acciones legales fue facilitado, aunque altamente editado, a la organización privada Archivo Nacional de Seguridad. Sin embargo, el diario The New York Times logró hacerse con una versión completa en la que puntos polémicos, como la identificación del famoso doctor Mengele, salen a la luz.

El nacimiento de este polémico escrito viene de un jurista del Departamento llamado Mark Richard que en 1999 convenció a la fiscal general Janet Reno para realizar un informe crítico con esta parte de la historia de Estados Unidos, que finalmente fue encargado a la fiscal Judith Feigin. Richard no vivió para poder ver publicada su obra, ya que falleció de cáncer el año pasado.

Este informe ha provocado la reacción del Centro Simon Wiesenthal, la famosa organización dedicada a la búsqueda de nazis, que ha instado a la administración Obama a la publicación definitiva de este informe. “Tiene que haber una total transparencia en quién, cómo y por qué, criminales de guerra y colaboradores nazis fueron protegidos”.

“Solicitamos al Presidente [Obama] que ordene al fiscal general Holder que publique inmediatamente el informe, incluyendo cualquier omisión”, afirman. “Las víctimas no merecen menos”.

Un ideólogo del Holocausto ayudado por la CIA

 

Tscherim Soobzokov fue agente de la CIA, pero en su currículum también figuraba que había sido soldado de las SS. De hecho, una bomba colocada por unos supuestos radicales judíos acabó con su vida en 1985. El Departamento de Justicia “sabía que Soobzokov había advertido a la CIA de su conexión con las SS tras su llegada a los Estados Unidos”. Éste es solo uno de los casos desvelados en el informe.

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No es el único polémico, Otto Von Bolschwong también fue ayudado por la CIA en 1954, a pesar de haber colaborado con Adolf Eichmann, el ideólogo de la solución final “para purgar Alemania de judíos”. La CIA era consciente del oscuro pasado de su nuevo agente y el informe recoge, incluso, los debates ante la posible respuesta que se daría si el caso hubiese salido a la luz.

De esta manera, el informe del Departamento de Justicia recoge las investigaciones realizadas para determinar el paradero del doctor Mengele, uno de los nazis más famosos que había logrado escapar. A mediados de los 80, el OSI barajaba que el Ángel de la Muerte de Auschwitz se encontraba en Estados Unidos. Sin embargo, después de haber conseguido restos de cuero cabelludo supuestamente pertenecientes al doctor, se estableció que había fallecido en Brasil en 1979.

Operación Paperclip

Entre los nazis que entraron en Estados Unidos se destaca el caso de Arthur L. Rudolph, científico del III Reich que trabajó en la fábrica de municiones de Mittelwerk. Este emplazamiento era conocido por dos motivos principales: allí se fabricaban los cohetes volantes V2 y para ello se utilizaba mano de obra esclava.

No es la primera vez que se tiene constancia de las polémicas adhesiones que se produjeron en la posguerra con algunos prestigiosos nombres ligados al III Reich. Bajo la famosa operación Paperclip, numerosos científicos que trabajaron para los nazis terminaron trabajando en laboratorios de Estados Unidos.

Sabios como Von Braun y otros científicos especializados, sobre todo, en cohetes, pasaron a engrosar la plantilla de diversas agencias estadounidenses. Uno de los capítulos más oscuros de la posguerra mundial que oscurece el recuerdo de la liberación de miles de personas de los campos de concentración.

Estados Unidos, el otro refugio del III Reich
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