Halloween

 

Santiago Niño Becerra. La Carta

Se están discutiendo y considerando aspectos de los que antes, hace cinco años, nadie hablaba, ya no digamos masantes, aspectos que afectan al gasto público y que tienen que ver, fundamentalmente, con el modelo de protección social.

Se están cuestionando coberturas, derechos, subvenciones, pagos, beneficios que antes se daban por descontados, prestaciones que eran satisfechas, con mayor o menor largueza, claro, y en unos países y regiones más que en otros y en otras, ya, pero, y repito el concepto porque es fundamental, se trata de prestaciones que no eran cuestionadas por nadie. (En USA no, pero USA siempre ha sido puesto como ejemplo de país socialmente injusto, ¿no?).

Ahora las cosas han cambiado y quienes tienen poder para hacerlo se cuestionan esos gastos, esas cobertura, esos derechos, esas subvenciones, ¿por qué?, por lo evidente: por la crisis: la recaudación está cayendo y con ella los ingresos públicos; también por las expectativas: la población hoy se porta bien, acepta lo que le dicen, no hay que darle nada a cambio, es decir, la protección social ya no es necesaria; y por principios filosóficos: que cada palo aguante su vela y el palo que no pueda … Ya, sí, puede que sea todo eso pero pienso que hay más, bastante más.

 
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El gasto público, la protección social nació como una utilidad y, sobre todo, porque había llegado su momento: la evolución de las cosas la posibilitó. El tiempo ha ido pasando, y ha llegado esta crisis sistémica, y la escasez, y la búsqueda de la eficiencia, y la desafección por ‘el otro’; y el momento de la protección ha pasado.

¿Volveremos a la miseria del siglo X?, no, claro que no, por un tema de orden público y porque el tiempo de eso también pasó. Toda pasa, nada vuelve y si se cree que si es sólo porque lo parece.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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