Joaquín Rivero: “Voy a promover suelo porque en 2011 no habrá stock”

 

 
El pasado febrero, Joaquín Rivero anunció que ponía fin a su aventura francesa. Después de más de cinco años al frente de la inmobiliaria patrimonialista francesa Gecina, el ex presidente de Metrovacesa puso rumbo a España, de la mano de Bami, dejando atrás un polvorín accionarial que dificulta un entendimiento necesario en la empresa.
La entrada de la banca acreedora del ex presidente Román Sanahuja en Metrovacesa, a finales de 2008, dejó sin efecto el pacto de separación entre la firma española y su filial francesa. Desde entonces, las disputas entre los máximos accionistas de Gecina, Metrovacesa (con un 27%) y Rivero (que posee un 16%) han dado lugar a enfrentamientos y denuncias en la Cámara de Comercio francesa, que llevaron a limitar el voto del empresario jerezano.
Finalmente, cuando el consejo de Gecina descartó invertir en España (donde ve grandes oportunidades en la promoción inmobiliaria), Rivero dijo au revoir. “La entrada en España se ha querido presentar por parte de Metrovacesa como una operación mala y sospechosa. Cuando se hacen negocios a largo plazo, no hay que mirar sólo el día”, explica Joaquín Rivero en una entrevista con EXPANSIÓN. Ahora, recuperados todos sus derechos de voto en Gecina desde el pasado 1 de julio, promete defender su trayectoria en la inmobiliaria francesa.
No sólo eso. Hace apenas unas semanas, se añadió un nuevo capítulo: la junta de Metrovacesa aprobó emprender una acción social de responsabilidad contra el ex presidente y su entonces consejero delegado, Manuel González, por supuestas decisiones lesivas para la sociedad durante su mandato.
La decisión no hubiera tenido más trascendencia que la judicial de no ser porque Metrovacesa y Rivero están condenados a entenderse. Al menos, por el momento, ya que comparten un interés común: Gecina. Tras la reordenación del consejo de la inmobiliaria francesa y la entrada de Eduardo Paraja, consejero delegado de Metrovacesa, en el consejo de Gecina, Rivero no duda en criticar su estrategia. “Lo que está haciendo no me parece más que la formación de una estrategia de ir a por alguien, se persigue hacer daño, tomar el poder, y no favorecer a la firma”, asegura.
El empresario reitera que su participación en Gecina, aunque no está en venta ahora, es “financiera” y que su estrategia no es “quedarme, ni dominarla, sino salir de ella”. ¿Cuándo? Antes de 2012.
Del otro lado de la balanza, Rivero basa su estrategia en España en Bami y la promoción inmobiliaria, donde percibe oportunidades. “Además de estructura, el sector vive una crisis clásica de ciclo, en la que éste ha llegado a su punto más bajo después de estar en el más alto”, afirma.
Pero Rivero se muestra optimista: “Lo que hace falta es que se normalice el crédito inmobiliario y que el comprador de vivienda recupere la confianza”. Por eso, el plan de Bami es añadir la promoción de suelo a su negocio principal, el alquiler de edificios y oficinas, para relanzar la actividad. “El año próximo, no habrá nada en manos de los bancos que sea vivienda hecha y, entonces, comenzará a desarrollarse el suelo”, señala.
Sin embargo, el plan, que el presidente de Bami califica como “sencillo”, tiene que superar un escollo para que pueda ponerse en práctica: una reordenación accionarial. Según Rivero, “la propuesta lleva aparejada un aumento de capital, la salida de socios [básicamente, Gecina] y la entrada de nuevos accionistas”. Aunque la negociación está en marcha, el acuerdo podría no cerrarse antes de final de año. Hasta que no haya acuerdo con Gecina, no se producirá la entrada de nuevos accionistas. Entre las opciones, Rivero descarta volver al parqué, alternativa que no considera “viable” a corto plazo.
“En septiembre, comenzará una primera fase, de uno o dos años, con la presentación del plan estratégico. Luego, se vería”, advierte. El objetivo es dar entrada a inversores institucionales y, por el momento, se han interesado nacionales y extranjeros. Pero Rivero se muestra cauteloso: “No se verá el fondo del interés hasta que no se sepa el precio”.
Consciente de la difícil situación que atraviesa en estos momentos Metrovacesa, Rivero saca pecho de sus 14 años de gestión y achaca a la falta de experiencia en el negocio promotor de los nuevos responsables las abultadas pérdidas que acumula su ex compañía. “Han solucionado todo vendiéndolo. No se trata sólo de hacer lo fácil y echar la culpa a los anteriores gestores”.
En las distancias cortas, es un hombre gestual de sonrisa frecuente. Pero el gesto de Joaquín Rivero (Jerez, 1945) se torna serio cuando sale a colación el nombre de Eduardo Paraja, actual consejero delegado de Metrovacesa. Para él, no ahorra críticas. Al contrario, le acusa de no conocer el sector inmobiliario y de intentar crearle constantes problemas jurídicos. Aunque el conflicto ha sido continuo desde que se conocieron, Rivero asegura que no esperaba la acción social de responsabilidad. De nuevo, no piensa callarse.
Comprará títulos de Metrovacesa, “sólo por deporte, para asistir a la junta y que me explique qué le pasa conmigo”. El enfrentamiento con el nuevo gestor de Metrovacesa ha situado en su mismo bando a un antiguo rival, Román Sanahuja. El dueño de Bami y el propietario de Sacresa protagonizaron un duro enfrentamiento por el control de Metrovacesa que acabó con Rivero en Gecina. Ahora, no duda en defender a Sanahuja. “Este nuevo gestor va hacer bueno a los anteriores”, señaló tras la demanda de Metrovacesa contra su persona.

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