La verdad: lo que no es verdad y lo que es

 

Fuente: Santiago Niño Becerra. La Carta.

Uds. han leído aquí que el primer paso, el paso esencial a dar para acometer la salida de esta crisis sistémica en la que hemos entrado era hacer aflorar toda la porquería que acumulan las entidades financieras y cuyo volumen real es una absoluta incógnita: se empezó hablando de 150 miles de millones y ya se está hablando de 1.000 miles de millones, y subiendo.

Se ha dicho que esta es una crisis de confianza, lo que, pienso, es absolutamente cierto: durante años se han estado haciendo cosas que violaban todas las reglas de la ortodoxia económica, cosas que era necesario hacer si se quería que el PIB continuase aumentando, y se quería; pero aunque se hicieron, todos los que las hicieron saben que los demás, al igual que ellos, también las hicieron, por lo que a día de la fecha la desconfianza es total: ‘Yo he hecho esto y lo otro y mi agujero es de X, y si mi agujero es de X el de aquel debe ser de Y, el de aquel otro de Z, y el de más allá de K, …’. O se resuelve eso, o la confianza no volverá; lo que sucede es que arreglar eso tiene consecuencias.

Se están dando dos problemas que se solapan: por un lado, las entidades financieras tienen deudas que cobrar: son acreedoras, y tienen deudas que pagar: son deudoras, pero, a la vez, son las bombas que hacen que el combustible y el lubricante del sistema económico circulen, y la fuerza vital que permite todo eso, que lo mantiene, son los activos que las entidades financieras tienen; por otro, los activos pueden ser reales, ciertos y con valor demostrable, pero también pueden ser intangibles, ingrávidos y su valor estar sujeto a parámetros como las variaciones del color de las hojas de los melocotoneros del Languedoc.

¿Cuántos de esos activos son verdaderamente buenos en toda circunstancia y en cualquier lugar?, ¿A cuanto asciende el valor contable de los activos que no valen ni el papel en el que están impresos?, la entidad financiera N, ¿cuántos tiene de los primeros?, ¿cuánto suma el valor por el que tiene contabilizados los segundos?. Y lo peor: se está mirando hacia el suelo a fin de no ver que llueve: a fin de continuar aceptando que los valores de los activos son los que se dice que son. (Pregunta: el año pasado estuvieron dando vueltas por el mundo derivados por valor de 600 billones de dólares, ¿cuántos de esos derivados eran ‘buenos’

Insisto, insisto, insisto: hasta que toda la porquería que tienen las entidades financieras no salga a la luz, TO-DA, nada se podrá hacer para empezar a salir de donde estamos entrando: nadie se fía de nadie y los demás no se fían de los otros.

Luego está el tema de la deuda pública, y el de los bonos de las empresas. Vamos a ver, ¿por qué se le está dando un tratamiento especial a estos activos, sobre todo al primero?: es un activo más, como otro cualquiera, ¿o no lo es?.

A la deuda pública se le está tratando como si fuese un fetiche: Grecia, por ejemplo, está mal porque la valoración que hacen los Mercados de su deuda es muy negativa debido a que su economía muestra unos parámetros muy negativos (parámetros que, por cierto, durante una década todo el mundo que podía decir algo permitió que se fuesen degradando, pero eso es otra historia), pero esa deuda es de la calidad que es debido un número elevadísimo de variables que los que valoran cosas resumen en dos o tres, y pienso que hacer eso es parcial.

España, por pura lógica, no debería estar tan mal como está (y debería estar peor de lo que parece, pero eso también es otra historia): tiene un bajo nivel de deuda pública, lo que sucede es que los Mercados no se fían de lo que hay detrás. No se está tratando igual a Grecia y a España porque tratar a España como se trata a Grecia tendría consecuencias no deseadas, sobre todo para las entidades financieras: las columnas que sostienen todo el modelo.

 
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Durante años se hizo lo que se dijo que había que hacer (eso que se dice que estuvimos viviendo por encima de nuestras posibilidades pienso que no es cierto, o si, y entonces las cosas han de verse de otro modo: mientras se hacía lo que se hizo se decía que ‘el mundo iba bien’, ahora se dice que aquello no se hizo bien, entonces, ¿es imposible que el mundo vaya bien si se hace lo que se debe hacer?), para crecer, claro y no contentos con eso, cuando las cosas se torcieron se pusieron en marcha cosas llamadas planes E a fin de volver a la situación anterior, planes que contribuyeron a liar la madeja todavía más y a complicar más las cosas a las entidades financieras del mundo mundial.

Hay que hacer muchas cosas, y se harán, seguro, pero la primera debe ser poner sobre la mesa toda la porquería que acumulan las entidades financieras: toda la porquería de todas las entidades financieras, y a partir de ahí poner el contador a cero. Mientras eso no se haga nos seguiremos formulando la misma pregunta: ¿cuánta porquería queda por salir?. El Anglo Irish Bank es un ejemplo, pero no es único, ni, por descontado, será el último. Y entiendo que no se quiera hacer: somos humanos, pero cuando la gangrena ya se ha declarado, la única solución es amputar.

(Reino de España: nuevo Ministro de Trabajo. Hace falta más diálogo, dice; también que es precisa una mayor comunicación y necesaria una mayor participación e implicación de los agentes sociales, pero ni formula ni responde LA pregunta: el modelo productivo español es ultraintensivo en factor trabajo. La construcción ha desaparecido del mapa de las actividades generadoras de PIB, el turismo depende de la capacidad de consumo de la clase media / media baja europea y de lo capaces que sean los hoteleros españoles de bajar sus precios, para el automóvil pintan muchos bastos (el 70% se vende a crédito); bien LA pregunta: ¿qué actividades van a sacarse de la chistera (‘van a sacarse’: quienes se las sacan) para absorber a cuatro millones de desempleadas/os y para absorber las nuevas incorporaciones a la población activa que cada año se van produciendo?.

Sinceramente, dudo mucho de que ni el Sr. Valeriano Gómez ni su equivalente en la oposición (el ‘Gobierno en la sombra’: es muy británico), ni nadie tenga una respuesta plausible, más allá de las ‘nuevas medidas sociales: proyectos de formación específica, favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar, incentivación a la contratación de jóvenes, … El problema es de exceso de población activa, no de horas de trabajo: eso, de momento, sucede en Alemania, de momento.

Leyendo algo me ha venido a la cabeza aquella frase que pronunció aquel Ministro: ‘La mejor política industrial es la que no existe’. ¿Llegará alguna vez algún otro ministro a decir algo parecido a ‘El mejor diálogo social es el que no se produce’?.

(Nota al pie. ‘Nuevas actividades’ no es igual a ‘abaratamiento de los costes laborales’; doy por supuesto que el Sr. Ministro de Trabajo lo tiene claro, ¿lo tiene?).

(Otra nota al pie. Me preocupa que el nuevo Ministro de Trabajo ya haya hecho mención a la baja natalidad; me preocupa mucho)).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

La verdad: lo que no es verdad y lo que es

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