La vida en la frontera después del dólar

 

Israel Ibarra /Tijuana (México).

 
Es uno de los símbolos emblemáticos del moderno sueño americano. También representa la fuerte integración que caracteriza a la economía de la frontera entre México y Estados Unidos. Pero ahora, un anuncio escrito rudimentariamente en las oficinas para el pago del agua avisa: “No se reciben dólares”. Es la advertencia más clara de cómo el antiguo estatus de la región económica Tijuana-San Diego está por terminar.
Playas de Rosarito, una pequeña ciudad turística ubicada al sur de Tijuana, tiene el 90% de su economía dolarizada. “Manejamos dólares en los restaurantes, los hoteles, los condominios y las áreas de los clubes nocturnos”, comenta a elmundo.es Manuel Rodríguez Monárrez, director de Desarrollo Económico, quien se muestra sumamente preocupado.
Desde el anuncio del control dólares, como medida contra el lavado de dinero del narcotráfico promovida por el Gobierno de Felipe Calderón, la Confederación Patronal de la República Mexicana, que agrupa a todos los empresarios de la región, mandó colocar decenas de vallas con la leyenda “S.O.S. El ‘control de dólares’, un capricho a 3.000 kilómetros de Tijuana”.
El dólar en la franja fronteriza estuvo en circulación antes del peso, que comenzó a utilizarse por motivo de una devaluación a mediados de los 70. Por lo que hasta la fecha, la mayoría de las operaciones mercantiles se realizan en moneda americana. Los precios de los artículos de uso común, las tarifas por servicios profesionales y los arrendamientos, se tasan en moneda estadounidense. Pero el “no aceptamos dólares” se multiplica en los restaurantes de comida rápida, las salas de cine, los centros de servicios y hasta el aeropuerto.
‘El último clavo en el ataúd de Tijuana’
Es el “último clavo en el ataúd de Tijuana”, clama la comunidad empresarial. De acuerdo al investigador del Colef, Alejandro Díaz Bautista, se estima que la fuga de divisas de México a Estados Unidos en este 2010 sea superior a los 50.000 millones de dólares. “En el Chase Bank de California están abriendo entre 250 y 300 cuentas de mexicanos a la semana”, señala Manuel Rodríguez Monárrez, director de Desarrollo Económico de Playas de Rosarito.
Para el residente medio, la restricción significa darse cuenta por primera vez de que vive en México, y que ahora, además de las bardas metálicas que impiden el paso de indocumentados, se ha comenzado a edificar una barrera económica. “El control de dólares está cambiando nuestra manera de vivir”, destaca Rosy Torres, hija de una familia acaudalada, que en este año organiza un evento de Mariachi Binacional, pero que se enfrenta a un problema porque toda su logística está en moneda americana, inclusive, los precios al público.
Para Fernando Castro Trenti, senador de la República por Baja California, la medida está equivocada, por lo que están en proceso de reunir los votos suficientes en el Congreso de la Unión que permitan echar atrás el decreto del presidente Felipe Calderón. “La medida es transfundida a la economía norteamericana, pasarle de la economía fronteriza y nacional, toda la vitalidad que da el sostenimiento del uso del dólar”, ha comentado el legislador.
Critica que se determine que México sea el único país que evite que sus ciudadanos puedan depositar en el sistema bancario nacional los dólares que captan de la actividad de servicios, turismo e industria: “entonces se desdolariza la economía y en un mundo global vamos a ser un país que va a caer al sótano”.
Las ayudas a las familias
Los mexicanos que viven en la frontera y cruzan a Estados Unidos a trabajar, porque son emigrados o cuentan con una visa, regresan cada fin de semana con su salario en dólares, pero ahora se enfrentarán a una medida de control que el gobierno asegura es para combatir el lavado de dinero de los narcotraficantes.
“Yo vivo en San Diego, California, y cada 15 días acostumbro viajar a Tijuana a visitar a mis familiares para dejarles dólares, pero no tenía conocimiento de las limitaciones, porque no han sido difundidas en Estados Unidos”, revela Gibran Mendoza. En una economía binacional, los latinos como Mendoza tienen miedo de que su moneda sea rechazada en lugares estratégicos como el aeropuerto, las casetas de cuota y las oficinas de pago de servicios.
El 13 de septiembre la Secretaria de Hacienda y Crédito Público anunció la restricción que sólo permite comprar dólares en efectivo, recibirlos en depósitos, en pagos de créditos y en pagos de servicios, hasta por una cantidad de 1.500 al mes. “Esto es una burla, porque la cantidad de dólares que dejo a mi familia es mayor, entonces me veré obligado a cambiar en las casas de cambio o en los bancos, lo que no es mi deseo, porque la moneda mexicana está a merced de las constantes devaluaciones”, protesta mientras hace fila en su coche para regresar a California por la Garita de San Ysidro en Tijuana.
En caso de que sus familiares pretendan cambiar la moneda americana, sólo tienen derecho a 300 dólares al día, con un acumulado mensual de 1.500, debido a que no son residentes americanos, entonces los dólares sobrantes quedarán “bajo el colchón de la cama”.
El turismo de Estados Unidos, que ha disminuido dramáticamente por el problema de la inseguridad, ahora también tendrá que afrontar las restricciones para usar su moneda en la franja fronteriza mexicana. Los americanos, tanto sajones como de origen latino, acostumbran llegar a ciudades colindantes como Tijuana o Mexicali, al noroeste de México, para comprar comida, recibir servicios médicos y disfrutar de los atractivos turísticos de su vecino del sur, pero nunca antes tuvieron que cambiar sus dólares.
Según el Consejo Coordinador Empresarial de Tijuana, en 2009 cruzaron cada día a territorio mexicano por esta ciudad 134.000 personas y 69.900 vehículos, en tanto más de 75.000 trabajadores que viven en el lado mexicano fueron diariamente a sus centros de empleo en California.
Otro sector que está afectado son los más de 25.000 estadounidenses que viven en Baja California y que tendrán problemas, debido a que el pago de sus jubilaciones y salarios se hace en moneda americana y no la podrán utilizar.
Dólares ‘a puños’
De acuerdo a la Asociación de Bancos de México a partir del 13 de septiembre han entrado en vigor todas las medidas aplicadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público contra el lavado de dinero. Sin embargo, en la frontera los comerciantes, los taxistas y los servidores turísticos, coinciden en que los dólares los van a seguir recibiendo “a puños”, como lo han h
echo durante toda la vida.
Arturo Acosta es el cajero de un estacionamiento ubicado junto a la Garita Internacional de San Ysidro en Tijuana, el 50% de sus ingresos son en dólares, porque ahí dejan sus coches los habitantes que trabajan en Estados Unidos. “El estacionamiento tiene una capacidad de 250 espacios, que se ocupan en su totalidad de lunes a viernes. Son alrededor de 125 automóviles los que pagan tres dólares por día, esto quiere decir, que a la semana recibimos 1.875 dólares y al mes 7.500 aproximadamente”, detalla.
Esta cantidad rebasa el límite establecido de los 7.000 dólares para personas jurídicas o físicas con actividad empresarial, en el caso de la frontera, y entonces están obligados a abrir nuevas cuentas. El gobernador de Baja California, José Guadalupe Osuna Millán, en coordinación con los empresarios locales, mantuvo por algunos meses una postura contraria a las autoridades federales, pero después la cambió. Cuando anunció que lograron mitigar las limitantaciones y anunció que cuando rebasen el límite en una cuenta, podrán abrir otra en alguno de los ocho bancos comerciales que existen en el estado, para tener un tope máximo de 56.000 dólares.
El problema es que ponen límites a una actividad económica lícita, mientras que los controles para detener el flujo de dinero del narcotráfico de Estados Unidos a México son laxos, porque la revisión de las personas que cruzan por las garitas internacionales se realiza al azar.
El mercado negro
Andrés Méndez es un comerciante turístico de la Avenida Revolución de Tijuana, que está muy preocupado por las medidas de restricción, debido a que se ha visto obligado a transferir a los bancos de Estados Unidos sus cuentas. “Del lado americano están recibiendo los dólares de muy buena manera y cuando necesitan pesos nos dan un tipo de cambio superior al que ofrecen los bancos mexicanos”, reconoce.
Para su empresa los 7.000 dólares de límite se acaban en una sola transacción de compra de cobijas, por lo que abrir ocho cuentas de bancos no es una opción viable administrativamente, además de que no le permite hacer negocios. “El problema ahora, es que han llegado personas desconocidas a ofrecerme comprar a un mejor precio los dólares que recibo, lo que significa una operación de mercado negro, quizá incipiente en este momento, pero que después tendrá consecuencias lamentables”, advierte.
El efecto de las restricciones no sólo la sufrirán los comerciantes establecidos, sino también los ambulantes que venden sus artículos mientras los americanos aguardan para cruzar a Estados Unidos en las garitas internacionales. En Tijuana la espera media para ingresar a Norteamérica en automóvil es de dos horas, y en ese lapso, se acercan todo tipo de comerciantes ambulantes, como Carlos Peñaloza Castillo, un vendedor de banderas mexicanas y americanas.
“El 80% del dinero que recibo son dólares y trabajo junto con otros vendedores para una familia del Distrito Federal, el problema es que mandamos más de 4.000 mensuales, que es la restricción que aplica en el interior de la República. Pero una cosa me queda clara, pase lo que pase, no dejaré de recibir moneda americana”, comenta.
La afectación ha causado dos reacciones, la legal a través del amparo, como anunció el vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación en la franja fronteriza, Mario Escamilla Novelo. Y la política, a través del voto en el Congreso de la Unión para echar atrás el decreto, como informó el senador Fernando Castro Trenti.
Mientras tanto, los afectados serán los ciudadanos de una zona binacional, separada ahora no sólo por una valla de metal, sino por un cerco económico, que está cambiando una manera de vivir, que nació con la fundación de las ciudades fronterizas y nunca había recibido un golpe tan duro de su propio gobierno.

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