Moscú libera a cuatro espías por los 10 rusos detenidos en EE UU

 
El embarazoso caso de espionaje que enturbia la nueva era de relaciones entre Rusia y Estados Unidos ha quedado cerrado esta madrugada con el mayor canje de agentes secretos desde la guerra fría. Las 10 personas que el pasado 28 de junio fueron detenidas en varios lugares de Estados Unidos han subido en un avión que les lleva de camino a Rusia tras declararse culpables de los cargos que les imputaba un tribunal de Nueva York, hasta donde fueron trasladados este jueves para comparecer ante el juez Kimba M. Wood, encargado del caso. A cambio, Moscú entrega a cuatro agentes occidentales retenidos allí.

La cadena de televisión estadounidense NBC television ha difundido unas imágenes de algunos de los espías embarcando en un jet en el aeropuesto de LaGuardia. El avión despegó a los pocos minutos. De forma casi inmediata a que los 10 agentes rusos se declararan culpables ante el tribunal de Nueva York, el Departamento de Estado de EE UU ya anunció que había llegado a un acuerdo con Rusia por el cual Moscú aceptaba, a cambio de la “deportación inmediata” de estos, liberar a cuatro personas encarceladas por sus supuestos vínculos con agencias de espionaje occidentales. Y así lo confirmó poco después el presidente ruso, Dmitri Medvédev, al firmar el decreto de excarcelación de Igor Soutiaguine, Alexandre Zaporojski, Guennadi Vassilenko y Serguei Skripal.

Según relata el diario The New York Times, el científico ruso Igor Sutiaguin, que cumple una condena de 15 años en Moscú por espiar para EE UU puede haber sido ya puesto en libertad. A su vez, fuentes conocedoras de la operación daban por hecho que una de los 10 agentes que operaban en EE UU, Anna Chapman, 28 años, llegaría de incógnito a Moscú por la noche. Sobre Chapman se han escrito ríos de tinta, más por su presencia física y comparación con una espía al estilo James Bond que por sus dotes de agente de inteligencia. De hecho, ninguno de los detenidos en Estados Unidos tuvo acceso a secretos nacionales y ninguno llegó a ser acusado de espionaje. A todos se les imputaban cargos de conspiración y a algunos de ellos de lavado de dinero.
La resolución del incómodo incidente ha sido veloz. En menos de 10 días se han producido, siempre según fuentes competentes, diferentes encuentros entre la diplomacia rusa y la estadounidense, entre ellos, una reunión entre el embajador de Rusia en Washington, Serguei Kisliak, y el subsecretario de Estado estadounidense, William Burns, donde se llegó a la conclusión que la mejor manera de zanjar el asunto sería con un intercambio de espías.
De esta manera, Washington y Moscú estarían tratando de no tirar por la borda la ratificación en EE UU del nuevo tratado de desarme nuclear. Durante la época de la Guerra Fría posterior a la Segunda Guerra Mundial y la polarización del mundo en dos bloques -aquellos que seguían a EE UU y los que obedecían a los soviéticos-, Occidente y el conocido como Este practicaban los canjes de espías, sobre todo en el puente de Glienicke que unía Berlín Occidental con la Alemania Oriental.
La peruana Peláez también viaja a Rusia
Entre los detenidos que deporta EE UU se encuentra Vicky Peláez, una periodista peruana que trabajaba para el diario en español de Nueva York El Diario / La Prensa, uno de los de mayor repercusión entre la comunidad latina. Tanto ella como su esposo, el conocido hasta ahora como Juan Lázaro y cuyo nombre real es Mikhail Anatonoljevich Vasenkov, viajarán a Rusia en las próximas horas, pese a que ella “no tiene ningún tipo de conexiones” en ese país, según declaró uno de sus abogados a la salida del juzgado. Al parecer, la peruana ha llegado a un acuerdo con las autoridades rusas en el que éstas se comprometen a ofrecerle vivienda gratuita en Rusia, visados para sus hijos y viajes a gastos pagados para ellos, así como una pensión de 2.000 dólares de por vida para ella.
Junto a Peláez, su esposo y Chapman volarán a Rusia el matrimonio Cynthia y Richard Murphy, Mikhail Kutsik (conocido como Michael Zottoli), Natalia Pereverzeva (conocida como Patricia Mills) y Mikhail Semenko, así como los conocidos por Tracey Lee Ann Foley y Donald Howard Heathfield.

Todos ellos confesaron haber trabajado para un país extranjero sin haberse registrado ante la justicia de Estados Unidos, un delito menos serio que el espionaje pero cuya condena podría haber sido de hasta cinco años de prisión. Además, nueve de ellos se enfrentaban también a acusaciones de lavado de dinero, lo que se podría haber traducido en hasta 25 años de cárcel.

 
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