Niño-Becerra: Más sobre la función pública

 

funcionario.blindado“Soy funcionario de la administración local, es decir, de los que estamos más cerca del ciudadano a quienes prestamos nuestros servicios y del político de quien recibimos, o mejor sería decir muchas veces no recibimos, las indicaciones oportunas para prestar dichos servicios.

Me alegra enormemente leer sobre un tema tan espinoso de forma tan clara y contundente como el que trata en su espacio de la Carta de la Bolsa en día 11 de febrero.

Efectivamente, lo que está de moda es satanizar al funcionario, moda que a mi entender ha promovido, por desgracia, el propio responsable político. Posiblemente sea la única organización que conozco que su “propietario” echa por el suelo públicamente a su trabajador. Nunca escuché hablar mal a los responsables de (nombres de tres compañías multinacionales) de sus propios trabajadores, probablemente porque sus accionistas los echarían a la calle por incompetentes al no ser capaces de gestionar adecuadamente la contratación y carrera de esos trabajadores; cosa que por desgracia no haremos los “accionistas” de la administración pública.

Pero volviendo a lo que nos ocupa quisiera decirle que su texto puede ser polémico simplemente por un motivo, porque es la pura verdad, y cuando nos cuentan medio-verdades y absolutas-mentiras con el fin de obtener un beneficio propio, que se cuenta la verdad rompe los esquemas y genera heridas porque la verdad siempre acostumbra a ser cruel.

¿Plantearse la disyuntiva que usted plantea en su texto? Ufff, mucho debería de cambiar nuestra clase política (al menos la que yo conozco) para siquiera entender la pregunta. En mi vida profesional en la administración local he trabajado directamente con seis concejales diferentes e indirectamente con más de veinte, y de todos ellos únicamente a uno le han interesado planteamientos referidos a gestionar un servicio por medio de establecimiento de procedimientos, gestionar los recursos humanos a partir de una fijación de objetivos y de competencias y de una evaluación del desempeño; establecer prioridades en función de aquello que le es propio a la administración local y de las verdaderas necesidades de los ciudadanos, etc. ¿Y sabe una cosa? Ese único concejal, antes y después de ocupar su acta de concejal en el Ayuntamiento … ¡¡ trabajaba de funcionario !! El resto, o no han entendido nada, o ha preferido aplicar el criterio común (que no el sentido común), es decir, hacer las cosas como yo digo porque soy el que gobierna, sin más. Y fíjese que ni he hablado ni hablaré de colores políticos.

¿Qué debe de ocurrir para que los políticos que hoy en día hacen carrera política realmente se planteen esas cuestiones cuando lo cómodo, sencillo y popular es simplemente salir a los medios de comunicación a anunciar a bombo y platillo que se van a echar a no-se-cuantos funcionarios o que se les va a rebajar el sueldo por fin? ¿Qué debe de cambiar en nuestra sociedad para que al frente de las administraciones públicas estén personas que entiendan que la política que se necesita no es la de hacer populismo, sino la de gestionar bajo criterios de eficiencia, y si no saben cómo aplicarlos, para eso estamos los técnicos de las administraciones públicas? ¿Nos daremos cuenta los ciudadanos algún día que las personas que tenemos al frente de nuestras administraciones “gobernándonos” únicamente son eficaces haciendo que nos creamos lo que nos cuentan, que como estamos cansados de comprobar varía en función del día de la semana, del mes o de la fase lunar?

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Los funcionarios somos malos malísimos (algunos lo son, es cierto, como en todas las profesiones), pero algunos otros somos muy buenos, de los que les gustaría tenernos muchas empresas privadas, y planteamos soluciones reales, con los pies en el suelo, muchas de ellas que no benefician a cierta gente que se desea beneficiar, pero, cuando acudimos con estas propuestas, molestamos, incordiamos. La realidad del día a día es que se prefiere al funcionario que no sea crítico con la gestión, que se deje llevar y deje “mandar” a su político en función de sus intereses, de los intereses de su partido y si quedan intereses por repartir, de los cacareados intereses generales.

 

¿Cree usted que esto verdaderamente puede cambiar algún día? Y que nosotros lo veamos, claro”

Es un escrito fuerte, muy fuerte. Cáustico. Mi respuesta fue concisa porque poco podía añadir.

“Pienso que la Función Pública, como la hemos conocido tiene los años contados. El concepto de ‘Funcionario’, de ‘Empleado público al servicio de un ente público’, independientemente de quien gobierne y de su color, pienso que se acabará, fundamentalmente porque ese ente público tenderá a hacerse muy, muy pequeño y a externalizar  la mayoría de sus funciones.

Obviamente, aunque esas funciones decaigan, alguien deberá hacerlas, pienso que las corporaciones y el Tercer Sector van a jugar un papel importante. Las primeras fidelizando a profesionales de nivel y suministrándoles servicios, el segundo haciéndose cargo de servicios que nadie hará y siendo financiado por las primeras. Evidentemente eso supondrá una caída en la cantidad y en la calidad de los servicios prestados”.

Y cuando acabé de escribir lo anterior me sentí muy mal.

Vía|Santiago Niño-Becerra

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