País de Nunca Jamás

 

Pienso que los problemas de la banca y de la deuda pública no son distintos: es el mismo problema, más aún los problemas ‘sistema financiero’ y ‘deuda pública’ es idéntico problema. En consecuencia, sigo pensando, es absolutamente imposible arreglar uno y no el otro, o enderezar uno o el otro: el arreglo debe ser a la vez: de forma conjunta: se trata, repito, de un único problema.

Las entidades financieras han adquirido deuda: 1) cuando ‘el mundo iba bien’, 2) dando por supuesto que la deuda pública era papel bueno, 3) que siempre iba a serlo, 4) que la deuda pública de los países miembros del área euro era de calidad equivalente, 5) que una entidad financiera sistémica es indestructible por lo que jamás caerá y 6) siempre habrá alguien que contestará cuando una entidad financiera silbe.

Esta crisis ha puesto de manifiesto -está poniendo de manifiesto- que esos seis puntos anteriores han dejado de ser así, y ello por dos razones: a) porque las entidades financieras han sido -son- juez y parte de esta historia: les deben una enormidad de pasta, pero ellas también deben otra enormidad, y b) tienen deuda de todo el mundo, hasta de ellas mismas: unas de otras, por lo que cada una de ellas es un problema y todas son parte del problema; a través de la deuda -total- sí, a través de la deuda.

‘Recapitalizar la banca’ es imposible, de entrada porque no hay fondos suficientes para hacerlo aunque toda la población se ponga a consumir tan sólo pan y agua, pero es que, por encima de eso, es inútil: se recapitalizan entidades financieras porque tiene una deuda incobrable total o parcialmente, pero para recapitalizarlas el Estado tiene que inyectar unos fondos en una atmósfera de déficit alto o muy alto, lo que empeora su deuda actual y las nuevas emisiones que tendrá que hacer para refinanciar su deuda actual o para atender lo que con su déficit no podrá, lo que degradará aún más a las entidades financieras que se quiere recapitalizar.

¿Qué sucede?, pues que estamos en una crisis sistémica postglobal en la que el Efecto Mariposa es el pan nuestro de cada día y donde es imposible tocar nada sin que quede afectado todo lo demás, por ello la única opción, pienso, es tocar todos los sitios a la vez.

¿Cómo?. Pues sentándose quienes saben del tema alrededor de una mesa con dos papeles en la mano y otro en el regazo: en uno lo que deben, en otro lo que les deben, y en el otro el desglose de los activos de las entidades financieras de sus países valorados al valor contable y al que un posible comprador estar dispuesto a pagar por ellos, y en la mesa un lápiz rojo; y a tachar: ‘te debo me debes, nos debemos, os deben’.

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Por ello, sigo pensando, considerar ‘problemático’ un porcentaje de la deuda española o irlandesa, no equivale a dudar de toda la deuda pública de ese país, sino de que pueda pagar toda la deuda que debe; lo que me lleva a otras dos consideraciones. Una: los países no metidos en esa lista de rebajas, ¿pueden pagar todo lo que deben?; digámoslo abiertamente: Francia, Alemania, Holanda, ¿pueden pagar todo lo que deben teniendo en cuenta cómo están hoy las cosas y cómo se van a poner?; ojo: no digo que no puedan, sólo lo planteo. Otra: se habla sólo de la deuda pública, cuando debería hablarse de la total: si el Sr. Juan Español impaga, todas las entidades financieras se ven afectadas, todas. En consecuencia …

 

Al modo de las manis de los 60: ‘¡Intervención, sí!. ¡Recapitalización, no!. para salvar al sistema, sí: para hacerlo evolucionar.

Y lo de apalancar el fondo de rescate … ¡DE-MA-SIA-DO!. Lo que le dije hace un par de días: vean ‘Margin Call’.

(Por cierto, ¿decir que se puede estudiar una desvalorización del 20% para la deuda pública española quiere decir que se está estudiando la posibilidad de una quita del 20% para la deuda pública española?; ¿decir que se está estudiando que las entidades financieras europeas eleven su capital bueno al 9,0% equivale a decir que se está considerando que van a tener que utilizar ese 9,0%?. El problema es que, de pasar, pienso que nada de eso sería suficiente).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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