Planificación Indicativa

 
Foto: Archivo
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Tranquilos: no se trata de una lección de Historia Económica ni de recordar batallitas (aunque algunas, de vez en cuando es bueno recordarlas). ¿Se acuerdan de la Planificación Indicativa (PI)?.

La PI nació en Francia a finales de los años 40 y estuvo en vigor hasta finales de los 60. En España la tuvimos presente con aquellas cosas incorrectamente denominadas ‘Planes de Desarrollo’. La PI no dejaba de ser una operativa que indicaba qué era conveniente hacer y cómo hacerlo, pero tenía una característica importante: era obligatoria para el sector público: al Estado le marcaba, y orientativa para el privado: a las empresas les sugería, claro que contaba con un arma muy poderosa para que las sugerencia fuesen aceptadas: había ayudas, accesos a créditos, facilidades de procedimientos administrativos, que eran mucho más accesibles si el ente privado se amoldaba a lo marcado por la PI.

La operativa se quedó con el calificativo ‘Indicativa’ porque era suficientemente ambiguo como para no ofender a nadie y suficientemente diferenciador como para marcar diferencias con la otra planificación existente en el momento: la Central. Como concepto fue muy útil para levantar una Europa rota por la II Guerra Mundial (de una forma u otra PI se aplicó en todos los países europeos). Ni que decir tiene que el invento fue abrazado en cuerpo y alma por el ‘desarrollismo Franquista’.

Bien, pues la PI ha vuelto, ¡ha vuelto!, ¡en Bruselas!, en la UEM. Conocen mi tesis: desde los meses de Junio / Julio las cosas están empezando a hacerse de otra manera, fundamentalmente porque se ha visto (admitido: si) la imposibilidad de enderezar las cosas: resolver los problemas, utilizando las herramientas que se han estado utilizando, lo que supone admitir el fracaso de lo que hasta ahora se ha estado haciendo: los planes E y decir que mañana hará sol.

Esto, evidentemente, no se ha admitido de forma directa, sino indirecta, por un lado a través de un mensaje claro: ‘ahora hay que estabilizar la economía mediante lo único viable: la austeridad, con todo lo que supone, si’, por otro a través de medidas que sin ruido se están introduciendo, no ya a nivel de países: los países ya arreglarán su casa por la cuenta que les tiene, sino medidas que se están adoptando en Bruselas (con conexión con Londres, Frankfurt, NYC, Tokio y HK, doy por supuesto).

Son medidas que, de entrada, afectaron a los presupuestos: a partir del 01.01.2011 antes de que los presupuestos sean aprobados por los Parlamentos de los países tendrán que pasar censura (y hay gentes que se escandalizaron cuando dije que la democracia, tal y como la conocemos, está desapareciendo); medidas que, después entraron en el Sector Financiero: se podrá llegar a la intervención física y directa de una entidad financiera del país que sea por parte de un comité de expertos (no de políticos) en el caso de que se considere que esa entidad no está haciendo lo que debe de la manera que debe; medidas que, para que tengan credibilidad, han de ir acompañadas de otras medidas: sanciones, multas, castigos, penas, para aquellas economías que no sólo no cumplan lo fijado, sino, también, para aquellas que no sigan las recomendaciones, medidas que serán aplicadas científicamente: por técnicos, a quienes no alcancen unos índices prefijados, a quienes no lleguen a unos parámetros establecidos; y con esto están ahora.

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(Por cierto, entre los parámetros que se baraja utilizar están algunos que la economía española va a incumplir de lleno: los costes laborales, por ejemplo; pero se notan ausencias palpables: niveles de productividad (¿será porque aquí palmarían los gordos?, ausencias significativas: tasas de desempleo, o de pobreza (¿será porque importa un bledo el número de pobres que tenga un país?), y ausencias sorprendentes: volúmenes de emisiones de GEI (¿será porque lo de la contaminación está muy bien cuando las cosas van bien pero tanto dan cuando van mal?). Ya, ya, todos somos iguales pero algunos son más iguales que otros).

 

Podría pensarse que esto es fruto de la situación, de que ‘la crisis está forzando a adoptar medidas especiales de forma transitoria’, una especie del denominado Período Especial que se instaló en Cuba tras la salida de la URSS; pienso que no, y aquí estamos entrando ya de lleno en la recuperación de la crisis.

El fracaso de Junio / Julio ha llevado a la asunción (de momento en la cúpula, claro) de que el actual modelo ya ha de ser sustituido por otro, por otro nuevo, naturalmente; un modelo que supere las limitaciones y las carencias en las que este ha caído; un modelo que sea eficiente en el uso de los recursos, y algo así no puede dejarse simplemente a ‘la iniciativa privada’ sino que debe ser diseñado por quienes de verdad saben qué sucede y tienen capacidad de influir en como-las-cosas-suceden: las grandes corporaciones y las instituciones internacionales.

La crisis será un periodo de contracción brutal, de empobrecimiento, de retroceso, pero, a la vez ha de ser el momento en el que se construya el nuevo modelo: nuestro, hasta ahora, maravilloso modelo se coció durante la Gran Depresión. Y eso ha de ir haciéndose, sin perder tiempo, aunque sin asustar a nadie, al menos, de momento.

Bien, en eso estamos, cada día desde hace un par de meses, estamos viendo cosas nuevas: así seguiremos durante los próximos dos o tres años; luego, pienso, cuando ya dejemos de caer, se pasará de la fase de consulta y ensayo operativo a la de experimentación, para, cuando la crisis se haya superado, tener ya un modelo totalmente operativo cargado en el disco duro y listo para su normal funcionamiento. Siempre ha sido así, ¿por qué no ha de seguir siéndolo?.

(Fallece el ex presidente Néstor Kirchner y las acciones y bonos argentinos se disparan; parecería que tendría que ser al revés, ¿no?: se va la persona de más influencia hoy en el Peronismo, lo que augura tensiones, ¿verdad?, pues no: las Bolsas suben porque se da por supuesto que alguien va a venir que hará las cosas de un modo tal que las compañías cotizadas aumentarán sus beneficios. ¿Las posibles tensiones?, se dan por descontadas).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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