Productividad, again

 

Hace unos días recibí un mail de una lectora. Muy interesante: abordaba el tema de la productividad. Lo reproduzco y aprovecho para hacer un par de comentarios. “(…) Estoy de acuerdo en casi todo lo que Ud. dice. sólo discrepo en lo siguiente:

Yo no creo que la productividad vaya a aumentar. Más bien lo contrario, creo que va a disminuir, o mejor dicho a desaparecer o a dejar de tener importancia para la economía. La elevadísima productividad ha sido uno de los factores que han provocado esta crisis. Cuanta más productividad, más oferta de bienes pero irremediablemente menos ingresos para adquirirlos. Hay una contradicción intrínseca en el propio concepto de productividad. De hecho, según el diccionario Le Petit Robert, la palabra “Productivité” fue inventada en 1766, más o menos en la misma época en la que el capitalismo se estaba gestando. Y ahora el capitalismo está llegando a su fin…

El aumento de la productividad ha sido el que ha permitido que en los años 50 apareciera la clase media pero su propio aumento (de la productividad) también ha tenido el efecto contrario: destruir la clase media para reorganizar la sociedad en clases alta y baja. A partir de esta crisis va a haber muchísimo factor trabajo disponible a precios muy bajos, siendo irrelevante la productividad en la mayoría de los sectores.

Resumiendo: la productividad es para un mundo con prisas y yo creo que el mundo que nos espera estará más regido por la lentitud, la concentración, la meditación, la observación, la creatividad (…)”.
Mi respuesta fue la siguiente:
“Aumento de productividad no equivale a mayor producción, de hecho es perfectamente posible que la productividad crezca muchísimo y que la producción decrezca. Imagine una unidad productiva que produzca 1.000 unidades y que emplee a 100 trabajadores para producirlas, por lo que la productividad es de 10 unidades por trabajador. Si la producción decrece a 500 unidades pero el número de trabajadores baja a 20 la productividad pasa a ser de 25 unidades por trabajador. Por ahí, pienso, van los tiros: mejorar mucho la productividad de los inputs -aumentar la eficiencia de su uso para utilizar menores cantidades-  y adaptar la producción a las unidades que sean precisas en cada momento, ¿cómo?, utilizando la tecnología que sea precisa, tecnología para la que habrá financiación si lo que con ella se fabrica es necesario.

¿Prisas?, cada vez más, pero de menos personas: muy pocas trabajando a tope, unas cuantas haciéndolo temporalmente y un resto no siendo prácticamente nunca necesarias para producir eso que sea necesario. Otro modelo, claro: esta es una crisis sistémica”.

El mail de esta lectora trajo a mi mente lo arraigada que está la idea de que aumentar la productividad se halla vinculado a crecimientos de la producción, de hecho se halla comúnmente aceptado que la productividad se hace crecer para que lograr crecimientos de los niveles de producción. Y evidentemente eso ha sido cierto: completamente hasta mediados de los 70, bastante hasta mediados de los 90, pero a partir de ahí ya no, lo que sucede es que las TICs posibilitaban infinitas gamas de productos de un muy limitado número de series y de unidades por producto. Fíjense en lo que sigue.

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Imaginen una unidad productiva que en un momento fabrica 1.000 unidades con 49 unidades de input: kilowatios, litros de lubricante, o trabajadores, cojamos el factor trabajo por lo que luego verán; en este momento la productividad es de 20 unidades por trabajador.
Supongan que esa fábrica decide duplicar la producción y fabricar 2.000 unidades pero manteniendo el número de trabajadores para lo que recurre a bienes de capital, observen que, entonces, su productividad se duplica, pasando a ser de 40, 816 unidades por persona empleada. Esta es una situación que podríamos considerar habitual.

En un momento siguiente esa unidad productiva decide volver a fabricar 1.000 unidades, pero empleando los bienes de capital necesarios a fin de reducir a la mitad las personas empleadas: 24,5, lo consigue y la productividad no varía: 40,816.

Pasan los días y como es una unidad productiva muy flexible se adapta al nuevo encargo: fabricar 500 unidades. Adapta su tecnología a esa producción y gracias a ello puede reducir su factor trabajo a 12,25 personas, manteniendo, no obstante su productividad.

 

En un ejercicio puramente teórico, si esa empresa fabricase tan sólo 40,816 unidades pero lo hiciese con la tecnología precisa, podría emplear a un solo trabajador y su productividad continuaría siendo idéntica.

Y en el límite del absurdo, si esa compañía decidiese fabricar sólo una unidad pero empleando sólo 0,0245 personas, su productividad no variaría: 40,816 unidades por persona empleada.

Este ejemplo está planteado suponiendo que la productividad no varía, pueden diseñar uno Uds. en que la productividad aumente.

¿Cuál es la moraleja?, pues que al margen de lo apuntado en la respuesta que di al mail reproducido de que la productividad puede no variar o, incluso, aumentar, en el caso de que la producción disminuya, resaltar de nuevo que el factor trabajo, en un creciente número de ámbitos, cada vez es menos necesario y más independiente de los niveles de producción a obtener.

‘Menos necesario’ = ‘Más prescindible’ = ‘Más seleccionable’ = ‘Más sustituible’ = ‘Más barato en términos medios’. Pues eso.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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Productividad, again