Quién paga los rescates, el nuevo frente de la reforma

 
El saneamiento que se exige a CAM deja el FGD en mínimos
N. Salobral.

La presentación al Banco de España de las medidas con que las entidades van a cumplir con las exigencias de saneamientos que marca la reforma financiera resolverá una de las fases decisivas con las que el Gobierno se propone cerrar lo más pronto posible la interminable reestructuración de la banca española. Pero, con ser un paso determinante, el sector está muy lejos de tener cerrados todos los frentes necesarios para apuntalar del todo la ansiada reestructuración. De hecho, falla uno de los elementos clave y capaz de deslucir buena parte del esfuerzo ya realizado: quién va a aportar los recursos que harán falta para celebrar las subastas de entidades aún pendientes, como la de Banco de Valencia o Catalunya Caixa. Si será el FGD quien financie esos rescates, como ha sucedido hasta el momento con CAM y Unnim, o si, tal y como pretende la banca, entran en juego también las ayudas públicas, pese al compromiso anunciado por el Gobierno de que no habría más dinero para rescatar a la banca.

En los últimos días se ha puesto de manifiesto el grave desencuentro entre la banca, muy reacia a hacer nuevas aportaciones al FGD, y el Gobierno, que no desea que el saneamiento bancario engorde el montante de deuda pública y que afronta la creciente presión de Bruselas para rematar de una vez la reforma bancaria.

Así, tras CAM y Unnim, quedaban disponibles alrededor de 2.300 millones de euros en el FGD. Y las nuevas exigencias de saneamientos de la reforma financiera van a requerir otro desembolso adicional para este fondo. De acuerdo con el esquema de protección de activos que logró Sabadell en la adjudicación de CAM, y que se activa con efectos del 1 de enero de este año, el FGD debe ahora hacerse cargo del 80% de las exigencias de saneamientos que impone la reforma financiera a la entidad valenciana, y que supone un desembolso de alrededor de 1.800 millones de euros, adicional a los 5.250 millones que el FGD ya aportó para sanear la entidad, y que dejan por tanto en mínimos los recursos del fondo.

La adjudicación de CAM a Sabadell ya levantó ampollas en el sector, que tuvo que plegarse a la exigencia del anterior gobierno de Rodríguez Zapatero de que la banca se rescatara a sí misma, sin ayudas públicas. Los ánimos se caldearon con fuerza con la subasta de Unnim y terminaron de encenderse con las ayudas que logró Unicaja para su proyecto de fusión con Caja España Duero, para agravio de entidades como Popular, que absorbió a Pastor sin apoyos. El profundo descontento de la banca con la fórmula de que sea el FGD quien financie los rescates -aunque luego sean sus principales aportantes los que terminen por beneficiarse de esos recursos en las adjudicaciones en subastas- se hace más evidente en un momento crítico, cuando se hace necesario reforzar su dotación para las subastas pendientes.

Los recursos disponibles son insuficientes para el rescate de Banco de Valencia. La subasta de Catalunya Caixa y la de Novagalicia -en el caso de que no llegara a buen puerto el proyecto de la entidad de captar inversores privados- requerirían entre 15.000 y 20.000 millones de euros adicionales, según fuentes financieras.

Por su parte, el Gobierno insiste en que su prioridad es que los rescates pendientes, que podrían realizarse en paralelo, se sigan financiando con el FGD y recuerdan las opciones aún disponibles para ampliar su dotación: pedir una derrama a la banca -que ha puesto en alerta al sector-; el aumento de las aportaciones hasta el máximo legal del 3 por mil sobre el volumen de depósitos, desde el 2 por mil ahora efectivo o emisiones de deuda por parte del FGD, que tiene capacidad para acudir al mercado.

 
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Ante la creciente incertidumbre sobre cuál será la fórmula con la que rematar el saneamiento del sector, el ministro de Economía tuvo incluso que desmentir esta semana que estuviera previsto solicitar al fondo de rescate europeo recursos para la banca, después de que Bruselas apremiara a cerrar cuanto antes la reestructuración y recordara la disponibilidad del fondo de rescate para socorrer entidades.

A falta de concretar cuál será el papel definitivo del FGD en el proceso, han quedado en suspenso las subastas pendientes. Tras Unnim, debía haberse puesto en marcha el proceso de venta de Banco de Valencia, que acumula ya un retraso de semanas. El calendario se ha cumplido al informar de cómo abordar los saneamientos pero la reforma no cuajará hasta que se resuelva la cuestión hoy más peliaguda, quién pone el dinero para los rescates.

Un pulso de impredecibles consecuencias

El escenario se complica para la banca española. Tanto para la que aspira a encontrar un nuevo destino en brazos de otra entidad -como Banco de Valencia o Catalunya Caixa-, que ve ahora frenados sus procesos de subasta, como la que está en condiciones de crecer con compras, que se resiste a nuevas aportaciones al FGD al tiempo que asiste a un nuevo avance de la prima de riesgo, el azote de las entidades financieras. La gran banca defiende que el FROB asuma el liderazgo de los rescates y desarrolle las atribuciones de las que dispone, aún a riesgo de elevar con ello el montante de la deuda pública española. Y ahí es cuando surge el peligro de poner en marcha el círculo vicioso en el que están inmersas las economías europeas más vulnerables desde el inicio de la crisis de deuda soberana. Los gobiernos necesitan recursos para afrontar sus problemas, en este caso el saneamiento de la banca, y disponen de la opción de inyectar ayuda pública -lo que en el caso de España y la banca elevaría la deuda, no el déficit público- o de solicitar la ayuda europea, tal y como sugería Bruselas esta semana. Pero la petición de esa ayuda, negada con insistencia por el Gobierno, sería interpretada por los mercados como un síntoma inequívoco de debilidad, lo que a buen seguro elevaría de forma inquietante la prima de riesgo, ahora cerca de los 360 puntos básicos. De ahí la insistencia de Economía en que la banca española realice nuevas aportaciones al Fondo de Garantía de Depósitos para resolver el dilema que se le plantea al Gobierno de Mariano Rajoy.

La banca también afronta su propio dilema, el de negarse a realizar unas aportaciones que darían la solución a los, por otra parte, muy costosos rescates pendientes, o asumir el riesgo de un nuevo repunte de la prima de riesgo.

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