Resumen

 

Santiago Niño Becerra_La Carta.

Una lectora me ha remitido un mail en el que, entre otras cosas me pregunta: “¿Te arrepientes de no haber titulado el libro “El crash de 2011”?”, lo que me viene como anillo al dedo para resumir lo que de forma dispersa han ido leyendo Uds. a lo largo de estas semanas.

“El crash ya se ha producido. A mediados de año: cuando el BCE constató que debía continuar con la barra libre y cuando USA y JPN vieron que necesitaban un nuevo plan E porque nada de lo que dijeron se había cumplido.

Ya se ha producido porque la gente, aunque mira para otro lado cuando ve problemas cercanos y aún cree que el milagro es posible, sabe ya que esto va para muy largo y ya empieza a intuir que nunca las cosas volverán a ser como fueron.

El crash ya ha empezado porque los Estados están practicando recortes porque saben que no es posible sacar de donde no hay ni va a haber, mientras USA huye hacia delante creyendo que el resto del mundo le va a seguir financiando como hasta ahora lo ha hecho.

No, pienso que el crash ya se ha producido; siempre he dicho que no sería violento, sino una caída con tendencia decreciente aunque se produjera algún repunte. Y así vamos a seguir: abajo, abajo, abajo.

¿Alemania?: un espejismo basado en un dólar temporalmente caro, en un Estado que ha podido financiar ‘el modelo alemán’, y en un valor añadido elevado que los demás han querido comprarle y han podido pagarle: ‘han podido’: pasado. ¿Brasil?: repitiendo el proceso: consumo, consumo, consumo, a crédito, crédito y crédito”.

En términos estructurales el momento actual es idéntico a 1929, pero el año 2010 no es el año 29. Entonces no existía ningún elemento compensador ni amortiguador, ninguno, ni en términos económicos ni sociales, todo se basaba en un equilibrio en la zona baja de la actividad en el que nada importaba nada sino era para mantener un estatus imperturbable, a la que la productividad comenzó a crecer a partir de 1923 y a la población y a las empresas unas entidades financieras que funcionaban en un entorno absolutamente carente de la más mínima regulación empezaron a financiar rápidamente consumo, se alcanzó una posición de insostenibilidad y se produjo la rotura física, violenta, explosiva, del modelo. Eso no ha sucedido hoy, ni, pienso, ocurrirá.

Desde el mismo Septiembre del 2007 en que empezaron a manifestarse las inconsistencias del modelo debido a su agotamiento se han ido adoptando medidas, medidas que han paliado, amortiguado, frenado, pero no han evitado el deterioro porque ese proceso era inevitable del mismo modo que lo fue en el 29.

Con los diversos planes se ha evitado el derrumbe y se ha conjurado la explosión, pero no se ha arreglado nada porque la solución se halla en el cambio, no en practicar un lifting a un modelo agotado ni en tapar con cuatro parches agujeros que afectan de lleno a la consistencia del modelo. A la que esos planes han concluido se ha vuelto a la casilla de salida con el agravante de que la población cada vez se halla más desilusionada, igual de endeudada, con menores ingresos, y los Estados más deficitados, y las entidades financieras con la misma porquería que tenían, y las empresas esperando un crédito que no va a llegar.

 
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Pienso que hubiese sido más efectivo abordar los problemas desde el principio, pero las cosas suceden porque la evolución de otras cosas lleva a eso: a que sucedan cuando deben suceder, y lo que pienso hubiese sido mejor no entraba en esa evolución. También aquí, en fin.

Más de lo mismo: pocas horas después me llegó un mail de un lector:

“Quería contarle lo siguiente: hoy he llevado mi coche, un (modelo y marca de automóvil), por un problema con el alternador. El coche tiene 15 años , pero su motor funciona bien y ahora mismo, a pesar de ganar 2.100 euros al mes, tras el recorte, no quiero endeudarme más. Mi chica está en paro, una autónoma más. Pero bueno, la cosa es que el dueño del taller de electricidad del automóvil me cuenta que han caído enormemente los servicios de los talleres, que cada vez menos gente lleva a arreglar los coches. Y estamos en (nombre de una región española), una comunidad a la que sus dirigente siempre la sitúan en mejor lugar que otras para la crisis. Luego escucho a los políticos y a algunos economistas hablar de que no hay recesión, de síntomas de recuperación…y me extraño mucho. Todavía en la calle no se percibe ese fantasma de la depresión, pero es como si por debajo, en la intrahistoria de los individuos, ya se estaría sintiendo todo eso. Como usted dice, parece que se trata de aguantar y aguantar…pero ¿hasta cuando?”

Mi respuesta fue:

“Ud. es una de las personas -cada vez son más- que se están preguntando cosas a partir de razonamientos nada sofisticados elaborados a partir de la realidad. ‘Nos cuentan esto, a mi me sucede aquello, y esta persona (normalmente alguien que por su profesión tiene un mayor contacto con la población) dice lo otro que, curiosamente, coincide más con lo que me pasa a mi’.

Aguantar es factible si la probabilidad de reemprender la actividad es cierta, pero hay actividades y negocios que ya no son viables: aquellos que fundamentalmente dependían de que les comprasen a crédito y que dependían del crédito para financiar su circulante. No, aún no ha llegado abiertamente la depresión a la calle, la gente aún quiere creer que el milagro es posible porque necesita creerlo debido a que, gran parte de ella, tiene poco más: se acostumbraron a una forma de hacer porque les permitieron que lo hiciesen y ello posibilitó la generación de PIB, cuando ese proceso se acabó …; pero esa postura no puede, físicamente, durar eternamente.

Pienso que ha hecho muy bien al reparar su automóvil: pura eficiencia: si funciona correctamente, ¿por qué cambiarlo?”.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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