¿Sobran aficionados en el mercado o hay algo más?

 

El aspecto más complejo de la negociación, más allá de entender qué está pasando en el mercado, es el factor tiempo. La conexión opera en ambos sentidos; cuando nuestra perspectiva es errónea, ¿se trata sencillamente de que nos hemos anticipado en exceso o no hemos entendido cuánto ocurre en el mercado? Dicho de otro modo y recurriendo al argot del póker, ¿es momento de aguantar o de retirarse? Me he pasado los primeros días de 2012 luchando contra esta última cuestión. ¿Y si nos hemos equivocado al suponer que la tormenta perfecta se avecina? ¿Y si se nos ha pasado algo en nuestro análisis, como algún factor significativo que vaya a continuar impulsando al alza a los mercados durante un tiempo?

Evidentemente, mis conclusiones iniciales siguen siendo las mismas, y no porque tenga fe ciega en mis habilidades sino más bien sobre la base de los datos y de una norma de negociación tan sencilla como crítica que uno de mis primeros mentores en temas de negociación y análisis me enseñó: la primera semana del año siempre sobran aficionados y dinero caliente, me habría dicho.

¿Por qué? Según su teoría, cuando comienza un nuevo año y los contadores de beneficios y pérdidas se ponen a cero, son muchos los operadores por cuenta propia que sienten que tienen la oportunidad real de asumir un riesgo significativo, ya que han hecho “borrón y cuenta nueva” y tienen ante sí ni más ni menos que todo un año.

La teoría sigue siendo de aplicación. No obstante, en la actualidad, los operadores por cuenta propia de la vieja escuela han dado paso a entidades bancarias carentes de recursos que han optado por comprar deuda estatal precaria con dinero gratuito y sin riesgo de revisión a la baja por parte de un banco central (el BCE), que acepta garantías de una calidad cada vez menor para que así el juego continúe.

El juego libre de riesgo se inició en la década de los 50 del siglo pasado, época en que comenzó realmente el proceso de apalancamiento. En 2008, la crisis financiera no puso fin a la situación; solo sirvió para cambiar a los grandes protagonistas, al dar paso los bancos y operadores por cuenta propia a los estados y al Consejo de Ministros de la UE. El juego sigue siendo el mismo: socialización ilimitada del riesgo sin posibilidad de rebaja a escala personal o corporativa.

Mientras, en el mundo real, los datos económicos son cada vez peores. En España, el nuevo gobierno acaba de anunciar que espera que el déficit presupuestario para 2011 se sitúe en torno al 8% del PIB y no en el 6%, como indicaba la previsión anterior. Los gobiernos tecnócratas de Grecia y de Italia se están topando con numerosos obstáculos a la hora de tomar cualquier decisión y por tanto no logran mostrar las mejoras a las que se comprometieron con la Troika que forman el BCE, el FMI y la Comisión de la UE. En Grecia, el nuevo gobierno ni siquiera ha logrado llegar a un acuerdo sobre legislación en materia de divorcio…

De hecho, la UE está en recesión, sumergida en una espiral negativa que nos lleva a un déficit presupuestario cada vez mayor, a unos costes financieros en auge, a una tasa de desempleo más elevada, a un menor crecimiento y a la deflación.

En efecto, las promesas de operaciones de refinanciación a largo plazo (LTRO) y de “coge prestado todo cuanto quieras” de la FED, el BCE y de Merkozy podrían dar a entender que contamos con “financiación fresca” suficiente para el T1, pero, ¿qué ocurre con el T2, T3 y T4? Desde una perspectiva temporal, el único cambio real que tenemos que introducir en nuestra perspectiva sería situar el punto álgido de la tormenta al final del T1, y no al comienzo. De hecho, tiene sentido de acuerdo con la historia y la cronología.

Nuestras Perspectivas para el T4 se denominaban “Intervención Máxima”. Simbolizan un último intento político por alargar y disimular. Si bien nuestro escenario favorito apostaba porque la intervención máxima fracasaría y daría paso a la Tormenta Perfecta, en la actualidad tenemos la sospecha manifiesta de que el tiempo nos dicta que el T1 puede ser un “trimestre de transición” en el que la tormenta se vaya preparando pero no se desencadene de inmediato.

 
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Si acudimos a la metáfora, sería como una gran fiesta que va transcurriendo según lo previsto, desde la bienvenida hasta una cena formal y después las copas y el baile. En este escenario, para algunos ya se ha acabado la fiesta (Grecia, Portugal e Italia), porque aunque aún no sean conscientes, es tanto lo que beben y beben que ni pueden mantenerse en pie. Otros (Francia, Bélgica y Austria) siguen mirando a uno y otro lado a la caza de quien se comprometa a bailar con ellos antes de que la música se acabe, pero las posibles parejas escasean, ya que los mejor posicionados (Alemania, Países Bajos y Finlandia) han optado por marcharse de la fiesta relativamente pronto y relativamente sobrios, ya que tanto desenfreno empezaba a pintar mal.

Al mismo tiempo, en el bar la deuda es cada vez mayor y está a punto de desencadenarse una discusión más bien fea sobre quién va a pagar la cuenta.

¿Quién debería pagar? ¿Los que no beben? ¿Los que siempre se dejan llevar? ¿Los que tratan una y otra vez de “conectar” con alguien? La verdad es que no lo sé, pero seguro que todos tienen una buena razón para no apoquinar. Es lo que ocurre siempre cuando en una fiesta no hay anfitrión.

La UE está en plena transición desde las fases finales del “alargar y disimular” y ya han comenzado las discusiones sobre la cuenta. ¿Y qué pasa con EE.UU.? Allí, la economía está arrojando datos que superan con creces las previsiones. En esta última frase, la palabra clave es “previsiones”. Los datos estadounidenses cuentan con una historia de perfecta reversión a la media entre los extremos de la desesperanza y de la esperanza excesiva. Ni mucho menos está creando EE.UU. los 350.000 puestos de trabajo al mes que se necesitan para reducir realmente la tasa de desempleo.

Y tampoco se trata de que los ajustes de austeridad fiscal en 2012 no vayan a llegar (la mayoría de la gente se olvida de que el presupuesto estadounidense va de octubre a septiembre y no de enero a diciembre). Sí, es más que probable que se prorroguen las reducciones aplicables a los impuestos que gravan las retribuciones y otros pormenores, pero no conviene olvidar que la deducción fiscal del 100% en los gastos de capital acabó a finales de 2011, por lo que las inversiones que se han llevado a cabo en EE.UU. en esta última época han dependido en mayor medida del arbitraje fiscal que de la confianza en un crecimiento orgánico futuro. Nuestros indicadores favoritos de consumo en EE.UU. del “Consumer Metrics Institute” siguen perdiendo impulso y la mayoría de sus indicadores a futuro vaticinan una ralentización de la economía estadounidense, en relación con el consenso.
A escala mundial, los índices de gestores de compra (PMI) empeoran (los datos se China han mejorado en diciembre, algo que probablemente se debe a que el Nuevo Año chino comienza el 23 de enero). El grueso de los PMI de la OCDE se sitúa por debajo de 50 (umbral de crecimiento) y más cerca de 40 que de 50.
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Steen Jakobsen, Economista Jefe, Saxo Bank

¿Sobran aficionados en el mercado o hay algo más?
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