Un empresario del deporte

 
Su sueño era presidir el Barcelona, y lo logra cuarenta años después. El gestor de marcas deportivas vive su primera Liga de fútbol en el cargo, un torneo que el Barça comienza este fin de semana ante el Racing
Denisse Cepeda.
Quién lo diría? Un chaval de seis años que recogía pelotas en el Camp Nou preside hoy el club azulgrana cuarenta años después. Un sueño hecho realidad. Aunque, probablemente, algunos ya habían hecho sus apuestas. Su pasión por el fútbol, contagiada por su padre Jaume Rosell, gerente del Barça durante la presidencia de Agustí Montal en la década de los 70, y su vinculación al equipo desde pequeño le llevaron a plantearse el objetivo. Resultado: en junio de ese año se convierte en el candidato más votado de la historia, superando el 52% obtenido por su antecesor Joan Laporta.
Sandro Rosell (Barcelona, 1964) es un ambicioso empresario del marketing deportivo que ha desarrollado su carrera al margen de los negocios de su padre. Un catalán que se enfrenta ahora a otros retos dentro del club como zanjar el caso Ibra, mantener una relación equilibrada con el icono barcelonista Pep Guardiola -una pareja en fase de prueba- y coronarse campeón de la Liga de fútbol española. Este desafío lo afronta con una plantilla reducida (sólo 19 jugadores) y frente a otro gran competidor -el Real Madrid-, que ostenta esta temporada al reputado técnico José Mourinho. El Barcelona se mide este fin de semana al Racing de Santander, el primer duelo de la primera jornada.
“El Barça entra ahora en una nueva etapa, con gente que le gusta el fútbol y que sabe gestionarlo. Con una persona al frente que no se aprovechará de su cargo, porque tiene su vida resuelta”, afirma su profesor de la escuela de negocios Esade, José María Gay.
Rosell es para sus allegados un hombre discreto, que odia el protagonismo y hablar en público. Aunque -señalan- posee una gran habilidad para relacionarse y hacer amigos. Por eso tiene una amplia red de contactos en el mundo deportivo. Es licenciado en Empresariales, con un MBA de Esade. Su primera experiencia laboral, a los 23 años, fue en la empresa de perfumes Myrurgia, hoy propiedad de Puig. Su responsabilidad era vender el producto con maleta en mano por Oriente Próximo y el norte de Europa. “Me sorprendió su madurez, capacidad de relación, de negociación y de trabajo en equipo. Sabía entenderse con proveedores y clientes. Un hombre que encaja bien las críticas”, recuerda Albert Agustí, su jefe en esa época y hoy presidente del Real Club de Tenis Barcelona.
Agustí lo fichó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 para dirigir la agencia oficial del Comité Olímpico Internacional (ISL) con la misión de facilitar el patrocinio con Coca Cola, NBC y Sports Illustrated. Un puesto que le sirvió para que Nike se fijara en él. Durante su gestión en la multinacional (primero en España y luego en Brasil) logra un contrato con el Barça de 10 millones de euros por 10 años y ya en Brasil consigue que el ganador del Mundial de 2002 llevara la camiseta de la marca deportiva.
Pero su objetivo era el Barça y pese al éxito profesional en el extranjero regresa a España. En 2003 llega a la vicepresidencia durante el mandato de Joan Laporta. Su gran apuesta fue impulsar el fichaje de Ronaldinho, que estaba en el Paris Saint Germain.
Dos años más tarde abandona el cargo por las diferencias con la junta de Laporta. Sus criterios deportivos, en concreto, no coincidían con los del consejero Johan Cruyff, según destacó la prensa. Pero el conflicto estalla este año cuando Rosell se presenta como candidato a la presidencia del club. Y cuando en medio de la campaña, Laporta le acusa en un libro publicado en abril de haberle propuesto el traspaso de Ronaldinho al Chelsea, que supuestamente ofrecía 100 millones de euros, más una comisión de 10 millones para ambos si la operación se llevaba a cabo. La actuación de Laporta fue para Rosell “un grave atentado a su honor”. Esto no impidió, sin embargo, su triunfo en las elecciones.
“En su casa se han vivido las victorias y las derrotas del Barça. Su sueño era ser presidente y lo consiguió picando piedra: a través del acercamiento con los socios y de la masa social”, destaca Gay. Esa batalla por alcanzar la cima lo lleva a publicar en 2006 un libro autobiográfico (Bienvenido al mundo real) sobre sus desavenencias con Laporta y la gestión deportiva; el libro o está descatalogado en las librerías de Madrid.
A Rosell lo ven en varios círculos de Barcelona como un hombre pijo y de apariencias. Una calificación que le disgusta. Se crió en el seno de una familia burguesa. Su padre instauró el grupo de ingeniería Emte (vendido posteriormente por el desinterés de sus hijos) y fue uno de los fundadores de Convergencia i Unió. Junto a sus hermanos gestiona el grupo Prolecsa y Grup Far. También es dueño de la firma de asesoría de patrocinio deportivo BSM, de dos campings en Àger (Lérida) y socio de otro en Vidrá (Gerona); de la empresa británica de venta de entradas para espectáculos Viagogo.com y asesor de la Fundación Mandela. En total, unos 250 millones de euros de patrimonio, según ha publicado la prensa.
Es educado, íntegro, perfeccionista y amigo de sus amigos, destacan sus allegados. Está casado y tiene dos hijas que son “sus dos soles”, dicen los amigos. Un futbolista de ligas inferiores que ahora prefiere los deportes de aventura. Aunque también le apasiona el senderismo, recoger setas y los vinos. Este empresario del deporte asegura que no ha llegado al Barça para obtener poder, sino para que el club logre una facturación de 1.000 millones de euros y limar asperezas. “Ya tengo los contactos que me daría la presidencia del club”, presumía Rosell cuando apenas era candidato.

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