Viabilidad

 

Fuente: Santiago Niño Becerra. La Carta.

Como dice aquel anuncio de un automóvil que se emite en Navidad: ‘La misma historia de siempre’. La minería del carbón (la española, pero no sólo) y las actividades consumidoras del mismo han conseguido y van seguir consiguiendo la prórroga en la concesión de ayudas varias: hasta el 2014 (se está pidiendo hasta el 2018). La protestas, presiones y correpasillos van a lograr que las/los afectadas/os estén percibiendo fondos durante más tiempo, percibiéndolos durante más tiempo para poder utilizar, no lo olvidemos, un carbón más caro y más contaminante que otros traídos del exterior, carestía que va a pagar el Juan Español de siempre y exceso de humos que va a respirar la Juana Española habitual.

‘La misma historia de siempre’: ya ha pasado otras veces: Lear, Delphi, Sony, Braun, Santana Motor … empresas foráneas establecidas en un país, en España, por ejemplo, que se sabe van a morir porque en el corto o como mucho medio plazo no van a ser viables, pero nadie parece interesado en poner eso sobre la mesa, sino en asegurar el presente: se piden programas de viabilidad, para continuar, para seguir con lo mismo, cuando se sabe que eso no es posible. Cuando ya es inevitable lo inevitable, las movilizaciones y peticiones apuntan hacia las ayudas: para aguantar. Pero, ¿por qué no se ha puesto más énfasis en el mañana?.

En los casos de Lear -dos plantas cerradas en Cataluña- pienso que el Gobierno de la Generalitat en particular y todos los políticos en general tuvieron muchísima responsabilidad en la evolución del tema: se preocuparon mucho de la imposible continuidad y poquísimo del día después; con el carbón, sigo pensando, ha sucedido algo parecido.

¿Cuál ha sido la implicación de los diferentes Gobiernos del Principado de Asturias a lo largo de la saga del carbón en el día después?. Desde los años 70 se sabía de los problemas del carbón asturiano (y leonés); entonces, con el franquismo, era difícil, vale, pero después, ¿qué se hizo después?. ¿Qué ha hecho el actual Gobierno del Principado para gestionar el día después al cierre del carbón?, ¿qué hizo el anterior Gobierno?, ¿y el que precedió a este?. Y lo mejor, ¿por qué nadie pide responsabilidades a los partidos políticos que ejercen en Cataluña o a los que lo hacen en Asturias, por ejemplo, por sus incompetencias en los casos de Lear o de la minería?, ¿por qué será?.

Pienso que es absurdo, y una equivocación, mirar sólo al presente. Es el ‘pan para hoy y hambre’ para mañana, claro, pero también es otra cosa: el reconocimiento implícito de que ciertas cosas, demasiadas, son inevitables y, tal vez, imposibles. 

Lo anterior es para empresas y Gobiernos regionales, pero es extrapolable a países. Ya hemos hablado en otras ocasiones de Portugal: es un caso cercano, conocido, suficientemente manejable. Única y exclusivamente pienso en lo económico: la minería asturiana del carbón no es viable, lo podemos pintar de verde o a rayas, pero seguirá sin ser viable, ahora bien, ¿es viable Portugal?. (Ya: si quieren otro día nos preguntamos si es viable España, pero hoy vamos a tratar el caso de Portugal).

Pienso que hoy, en el fondo, fondo, una compañía es viable en función de su capacidad para generar cashflow, claro, claro, hay que considerar otros elementos, tener en cuenta otros factores, pero si eso falla … Bien, ¿Qué capacidad tiene Portugal para generar cashflow?.

Además >>  Niño-Becerra: El oscuro caso de España

El Gobierno portugués, sosteniendo con una mano las recetas que le han dado organismos competentes va a recortar sobre los recortes ya efectuados, además, se van a incrementar los impuestos indirectos más directos, ya me entienden; es decir, más carencias y, como máximo, mantenimiento de ingresos: como máximo. (En el reino el Gobierno esta muy contento por la reducción que ha experimentado la comparación de los saldos mensuales presupuestarios: ¡calma!: tres meses no marcan una tendencia).

 

El resultado: empobrecimiento. Los mercados prestaron a Portugal porque: 1) hay un exceso de liquidez (de papeles impresos que valen lo que se acepta que valen), y 2) saben que hay de donde sacar aunque no sea en papeles; luego viene la imposibilidad de sostener el ritmo, y esos mercados exigen, y exigen y exigen, pero continúan prestando porque sigue habiendo de donde sacar; y llegan las exigencias: ‘Tenéis que hacer esto, y lo otro, y lo de más allá; y si no …’. ¿No les suena esto a algo conocido?; evidentemente: La Década Perdida, The New Washington Consensus, la subdesarrollización de quienes creían que habían dejado de serlo, y la de quienes creyeron que nunca lo serían.

Con una diferencia fundamental: no vamos a más.

No vamos a más: Piloña es un concejo del Principado de Asturias. Pues bien, la Agrupación de Protección Civil de Piloña ha puesto en marcha una campaña de recaudación de fondos, ¿para qué?, pues para poder adquirir una … ¡ambulancia! y jubilar a la que ahora tienen que cuenta con 25 años de edad. Aquellas/os de Uds. que hayan leído mi libro ‘El crash del 2010’ recordarán que como introducción al submodelo que ha derivado en la actual crisis utilizo el caso de Irlanda, y también recordarán que cito el caso de la cuestación a pie de carretera que realizaron los vecinos de Loughill a fin de adquirir un desfibrilador.

Piloña y Loughhill, Asturias e Irlanda. En ambas zonas han estado llegando masivamente fondos: ayudas europeas, ingresos impositivos procedentes de la construcción, transferencias del Estado, … Pero en el caso de Irlanda, en Loughill, no dieron para adquirir un desfibrilador y en el de Asturias, en Piloña, para sustituir a su avejentada ambulancia. Cierto, cierto, cada Gobierno gasta sus dineros en lo que quiere, pero luego sale el tema de las viabilidades. (¿La fuente de esta información sobre Piloña?, un periódico local: El Fielato, el periódico semanal de la Comarca de los Picos. Ojo con los periódicos locales: tal vez vayan a ser los únicos a través de los que podamos enteremos de cierto tipo de cosas). 

Y no, en este caso tampoco: no vamos a más.

(Me lo pasó ayer, por mail, un lector: es un diálogo oído por mi informante en un bar del supercentro de Barcelona. Un señor pide un café y un croissant, la camarera le dice no sé qué precio y él pregunta “El croissant, ¿cuánto vale?”. Ella le dice: “Dos con ochenta”. El señor pone cara de tener dos hipotecas, la de la playa y la del dúplex y dice “Joder… es que estoy saliendo poco de casa, será que estoy desfasado”). 

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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